ReseñaUn viaje por Chiang Mai, Phuket y Bangkok para descubrir cómo la naturaleza, la historia y el turismo conviven en uno de los destinos más visitados.Phuket es la puerta de entrada a algunas de las postales más famosas de Tailandia. Foto: Angie Rodríguez - EL TIEMPO.PERIODISTA06.07.2026 14:43 Actualizado: 06.07.2026 14:43
Jokia, una elefanta cuyo nombre significa "Ojo del Cielo", nació en 1960. Fue rescatada en 1999, después de haber sido utilizada en actividades de tala ilegal y de sufrir graves maltratos. Hoy vive entre bosques tropicales, ríos y montañas en Elephant Nature Park, un santuario de rehabilitación ubicado en Chiang Mai, a más de 700 kilómetros de Bangkok, la capital de Tailandia.Elephant Nature Park, ubicado en Chiang Mai, es reconocido por el turismo ético de elefantes. Foto:Angie Rodríguez - EL TIEMPO.Jokia es uno de los más de 70 elefantes rescatados de la industria maderera, el turismo, los circos y el trabajo forzado. Durante siglos, muchos mahouts —cuidadores tradicionales de elefantes, pertenecientes en muchas ocasiones a las tribus del norte del país— creían que estos animales tenían dos esencias: una salvaje y otra doméstica. Para convertirlos en animales obedientes, recurrían al phajaan, un ritual que consistía en quebrar su espíritu desde la infancia mediante castigos físicos y aislamiento.Por mucho tiempo se normalizó la imagen de un elefante de más de cuatro toneladas cargando a los turistas sobre su lomo. Lo que pocas personas veían era el proceso que había detrás: para llegar a ese punto, primero debían romper su alma y someter a una de las especies más empáticas y compasivas del planeta a años de maltrato y dolor.Elephant Nature Park fue fundado por la conservacionista tailandesa Saengduean "Lek" Chailert con la idea de que el turismo debía adaptarse a los elefantes y no los elefantes al turismo. Desde entonces, el santuario se ha convertido en un referente del rescate de esta especie.Aunque hoy abundan lugares que se promocionan como santuarios sin cumplir estándares de bienestar animal, también existen iniciativas que apuestan por un turismo ético. En ellas, los visitantes mantienen una distancia prudente y observan cómo los elefantes se bañan, juegan, buscan alimento o interactúan entre ellos sin interferir en su comportamiento.Esta no es una apuesta menor en un país donde el turismo atrae a millones de personas cada año. Solo en 2025, Tailandia recibió cerca de 33 millones de visitantes internacionales, consolidándose como uno de los destinos más populares y visitados del mundo.Un país de contrastesChiang Mai, con sus santuarios de elefantes y sus más de 300 templos budistas, es apenas una de las muchas caras de Tailandia. A medida que se recorre el país, cambian el ritmo, los paisajes, las costumbres y la gastronomía.Los long-tail boats son embarcaciones tradicionales tailandesas. Foto:Angie Rodríguez - EL TIEMPO.Al otro extremo del país, en el sur, el paisaje cambia por completo. Phuket es la puerta de entrada a algunas de las postales más famosas de Tailandia, donde islas paradisíacas, aguas color turquesa y enormes acantilados de piedra caliza parecen resguardar ese rincón del mundo.Recorrer esta región es pasar, en cuestión de minutos, de Patong Beach, una de las zonas más populares y caóticas, a Phuket Old Town, conocida por su arquitectura sino-portuguesa, sus coloridas casas históricas y su animada escena cultural. Allí, donde calles como Thalang, Soi Romanee y Dibuk están bordeadas de antiguas mansiones y shophouses —casas que combinan vivienda y comercio—, conviven elementos de la arquitectura colonial europea con detalles de inspiración china.En Thalang, durante el mercado dominical, los puestos de comida callejera con satay, pad thai y mango smoothies se mezclan con los cafés instalados en antiguas casas coloniales. El aroma del curry, el chile y los mariscos es una forma de acercarse a la cultura local.Desde Phuket también se puede navegar hacia las islas Phi Phi, en el mar de Andamán, donde lugares como Maya Bay, Koh Phi Phi Don o Monkey Beach muestran una faceta en la que el turismo masivo comparte espacio con ecosistemas de gran biodiversidad. Basta con sumergirse unos metros para encontrarse rodeado de cardúmenes de peces, observar pequeñas especies de tiburón o escuchar el sonido de los peces loro mientras muerden los corales.Y, como si el paisaje aún tuviera algo más por revelar, aparecen las tradicionales embarcaciones tailandesas de cola larga, los long-tail boats, que con sus colores y siluetas parecen fundirse con la naturaleza.Bangkok, la gran metrópoliSi Chiang Mai se descubre entre montañas y Phuket desde el mar, Bangkok se entiende a través del río Chao Phraya, que durante siglos fue la principal vía de transporte y comercio de la ciudad. Incluso hoy, en una metrópoli de más de diez millones de habitantes, sigue conectando algunos de sus lugares más emblemáticos.Bangkok alberga uno de los Chinatowns más grandes del mundo, resultado de las migraciones chinas que, durante los siglos XIX y XX, transformaron el distrito de Samphanthawong. Recorrerlo es pasar por templos como el Wat Traimit Withayaram Worawihan, perderse entre los puestos de Sampheng Market, donde se originó el barrio, o dejarse maravillar por los murales de Talat Noi.El Tom Yum Pla Gao es una sopa tailandesa que usa mero. Foto:Angie Rodríguez - EL TIEMPOEn Bangkok también están algunos símbolos de Tailandia, como el Gran Palacio y el templo Wat Arun, cuyos tejados dorados contrastan con los rascacielos que sobresalen en otras zonas de la capital.Khao San Road, con sus hostales, puestos de comida callejera y ambiente de fiesta, es conocida como la ‘capital mundial de los mochileros’. Desde la década de 1970, miles de viajeros de bajo presupuesto llegaban a esta zona con guías impresas de Lonely Planet para comenzar su recorrido por el sudeste asiático.Sin embargo, para muchos, recorrer Bangkok también es una oportunidad de acceder a experiencias de lujo mucho más accesibles que en otros destinos. A orillas del río se encuentra The Peninsula Bangkok, desde donde el constante paso de ferris, lanchas y long-tail boats recuerda que el Chao Phraya sigue siendo el corazón de la ciudad.El hotel combina la elegancia de la alta hotelería con la hospitalidad tailandesa. Su diseño en forma de W permite que todas las habitaciones tengan vista al río, mientras los interiores mezclan acabados contemporáneos con detalles tradicionales.Allí se encuentra Thiptara, un restaurante dedicado a la cocina tailandesa en pabellones de madera rodeados de árboles banianos. Bajo la luz tenue de las antorchas y con el sonido del río de fondo, el menú de degustación es un viaje por los sabores del país. El cordero con curry y patata dulce, o la tradicional sopa Tom Yum Pla Gao, elaborada con mero y caracterizada por su equilibrio entre sabores picantes, ácidos y dulces, son solo dos de los platos que sorprenden al paladar.The Peninsula Bangkok es uno de los hoteles más reconocidos de Asia. Foto:Angie Rodríguez - EL TIEMPO.Las historias de los elefantes rescatados en los santuarios, los templos budistas llamativos por sus colores dorados y blancos, las playas memorables del sur y Bangkok, donde la influencia china y el Chao Phraya marcan su ritmo, explican por qué Tailandia conquista a quienes la visitan por primera vez y deja en quienes ya han estado la sensación de querer volver. Quizá por eso, este destino termina acogiendo a todo tipo de viajeros: desde quienes buscan lujo hasta los mochileros; desde quienes quieren recorrer parques naturales hasta quienes prefieren perderse entre mercados y barrios históricos.ANGIE RODRÍGUEZ - PERIODISTA DE VIAJAR Y TENDENCIAS - @ANGS0614ANGROD@ELTIEMPO.COM Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.







