La arquitectura ‘art déco’ de Tiong Bahru, los ‘hawkers’ imprescindibles para comer, el famosísimo Marina Bay, la Mezquita del Sultán, un cóctel en el hotel Raffles y más pistas en un destino en el que el aeropuerto también merece una visita

Toda exploración de Singapur deberá empezar o terminar en el aeropuerto de Changi, que ha devenido una atracción más en esta ciudad-estado del

-para-sonar-con-el-verano.html" data-link-track-dtm="">sudeste asiático. En el complejo llamado Jewel, su cascada interior (Rain Vortex) y su exuberante jardín interior, diseñados por el arquitecto Moshe Safdie (cuya filosofía encaja con la visión urbanística y futurista de Singapur) en colaboración con la firma local RSP Architects Planners & Engineers, han redefinido lo que puede ser una terminal aeroportuaria, combinando arquitectura, naturaleza, sostenibilidad y tecnología para crear una experiencia única, funcional, impactante y tan fotogénica que muchos lo visitan sin tener que viajar.

Se le considera el mejor aeropuerto del mundo, por lo que cada día se dan casos de viajeros que llegan con siete horas de antelación a la salida de su vuelo o que nada más aterrizar aprovechan para ver esta impresionante cascada interior entre jardines, senderos por los que casi se podría hacer trekking y tiendas, muchas tiendas.