Actualizado Viernes,

mayo

00:09Cuenta Jason Furman, el que fuera uno de los principales asesores econ�micos de Barack Obama, que cuando entrevistaron a Jerome Powell a finales de 2011 para un puesto como gobernador en la Reserva Federal no sab�a gran cosa de �l, y lo que sab�a no era muy esperanzador. Necesitaban escoger a un republicano, pero Powell, un abogado sin formaci�n en macroeconom�a, no era ni la primera opci�n ni la segunda, hasta que alguien les convenci� de que era la mejor baza. "Powell ten�a algo m�s valioso que sus credenciales acad�micas: un historial demostrado de integridad y valent�a. Ninguno de nosotros se dio cuenta entonces de lo importantes que acabar�an siendo estas cualidades", ha escrito recientemente Furman.Casi todos los banqueros centrales estadunidenses dejan su puesto habiendo cometido errores importantes tras haber tenido que enfrentarse a crisis econ�micas, financieras o inflacionarias. Subidas o bajadas de tipos en el momento equivocado, �nfasis excesivos o insuficientes, meteduras de pata en comparecencias ante la prensa. Pero pocos han tenido que lidiar con la presi�n de los precios, una pandemia que mand� al paro en cuesti�n de semanas a 20 millones de personas, varias crisis bancarias regionales (como la del Silicon Valley Bank), una guerra comercial, el muro proteccionista m�s agresivo en un siglo, turbulencias geopol�ticas y la mayor ofensiva desde la Casa Blanca contra la independencia monetaria en la historia de la instituci�n.En tiempos normales, Powell, que deja esta semana su cargo como presidente, pero que seguir� temporalmente como gobernador para cubrirse las espaldas, ser�a juzgado por sus errores, como minusvalorar hasta qu� punto la amenaza inflacionista postpand�mica no era pasajera, o sus aciertos, como reducirla sin desencadenar una recesi�n. Pero no son tiempos normales, y el chairman ser� recordado seguramente por su integridad, por sus principios y por atreverse a decir no, una y otra vez, al hombre m�s poderoso y vengativo del mundo. Si una m�xima latina fuera escogida para resumir su trayectoria, seguramente ser�a Etiam si omnes, ego non.A diferencia de sus predecesores, Powell no es un acad�mico, ni un historiador ni un gran te�rico sobre el dinero. Abogado de formaci�n, republicano moderado y veterano de Wall Street y del servicio p�blico, fue visto en su d�a como una figura pragm�tica, de transici�n tras Ben Bernanke, un Nobel y uno de los mayores expertos en la Gran Depresi�n, y Janet Yellen, catedr�tica de Berkeley. Parec�a una elecci�n c�moda para el Gobierno, un perfil casi tecn�crata, pragm�tico y fama de moderado que fue aprendiendo todo lo necesario sobre la marcha, forjando consensos y logrando acuerdos. Alguien discreto, casi gris. Si suscitaba dudas era precisamente entre los que pensaban que pod�a ser demasido d�cil y complaciente con un prediente tan agresivo con Trump. El tiempo acabar�a demostrando todo lo contrario.Los primeros a�os de Powell al frente de la Fed fueron relativamente tranquilos. Estados Unidos segu�a creciendo, el desempleo estaba en m�nimos y la gran obsesi�n econ�mica era entonces la contraria de la actual: unos tipos de inter�s anormalmente reducidos tras la crisis financiera. Powell actu� con cautela, subi�ndolos gradualmente y cultivando una relaci�n cercana con el Congreso mientras buscaba blindar la independencia del banco central.Eso fue exactamente lo que acab� dinamitando su relaci�n con Trump. El presidente quer�a dinero barato, crecimiento r�pido y una Fed subordinadaa sus necesidades electorales. Powell, sin estridencias ni golpes en la mesa, sin buscar protagonismo ni vestirse de h�roe, simplemente cumpliendo su mandato, se neg�. Trump, poco acostumbrado a escuchar no, empez� a humillarlo p�blicamente, a insultarlo en redes sociales, a deslizar la posibilidad de destituirlo, haciendo encuestas en sus redes sociales para que sus seguidores decidieran qui�n era una mayor amenaza para el pa�s, Xi Jingping o Powell. En su segundo mandato la ofensiva llegar�a de la mano de una investigaci�n penal acus�ndolo de ser responsable de los sobrecostes de las obras de reforma de la sede de la Fed.La pandemia lo cambi� todo. Powell reaccion� al par�n global con una contundencia total: tipos de inter�s al cero, un programa ilimitado de compra de bonos y autorizaci�n para comprar deuda corporativa y a prestar directamente a las ciudades por primera vez en su historia. El problema vino despu�s. La Fed ley� mal la inflaci�n, probablemente el peor y m�s grave diagn�stico en al menos medio siglo, insistiendo durante demasiado tiempo en que ser�a "transitoria". Cuando quiso reaccionar, los precios ya estaban completamente disparados hasta su mayor nivel en cuatro d�cadas. Logr� estabilizar la situaci�n sin provocar una recesi�n y un repunte del paro, pero el da�o en la confianza del consumidor estaba hecho.Si hubiera que ponerle una nota teniendo en cuenta s�lo el principal objetivo de la casa, la estabilidad de los precios, no ser�a precisamente un sobresaliente. Deja una casa dividida, quiz�s no por su liderazgo o falta del mismo, sino por la ofensiva de Trump, pero dividida. Pero sus dos mandatos ser�n juzgados no por criterios t�cnicos o monetarios, sino por su gesti�n de las crisis y el choque institucional con Trump. No s�lo resisti�, sino que plant� cara y pele�. Corrigiendo al presidente una y otra vez, grabando un v�deo, defendiendo a sus compa�eros, sosteniendo el fuerte. Sus errores econ�micos fueron reales, serios, y se va con la inflaci�n por sexto a�o por encima del 2%, pero logr� sobrevivir a una pandemia sin equivalentes y preservar la credibilidad de la Fed, una de las pocas instituciones que pueden presumir de ello, ante una acometida pol�tica sin equivalentes. Dejando el testigo m�s que alto a su sucesor y garantiz�ndose un hueco en la historia.