Kevin Warsh tiene por delante un trabajo difícil. El presidente electo de la Reserva Federal (el juramento oficial es este viernes en la Casa Blanca) hereda una institución que afronta un escenario económico profundamente incierto con una división insólita en su consejo. No le puede pillar de sorpresa, y las actas de la reunión del pasado día 29, la última con Jerome Powell al frente, solo subrayan esa situación. La Fed mantuvo tipos de interés, como esperaba el mercado, pero con una tercera parte de los 12 miembros con derecho a voto (el comité de mercado abierto) mostrándose en contra de la decisión. Tres, porque rechazan el sesgo neutral del comunicado y consideran que la Fed debería inclinarse hacia las subidas de tipos. Un cuarto, Stephen Miran, que independientemente del contexto, en todas las reuniones aspira a un precio del dinero más barato.La mayoría del consejo, en todo caso, había tomado buena nota de los riesgos de inflación. “La mayoría de los participantes señaló que probablemente sea conveniente endurecer ligeramente la política monetaria si la inflación sigue situándose de forma persistente por encima del 2%”, indican. Después de la reunión EE UU dio cuenta de la mayor inflación en tres años, un 3,8%, a cuenta de la subida de los precios de la gasolina por la guerra de Irán. “Para hacer frente a esta posibilidad [inflación por encima del 2%], muchos participantes indicaron que hubieran preferido que se eliminara del comunicado posterior a la reunión el texto que sugería una tendencia a la flexibilización en cuanto a la probable orientación de las futuras decisiones del Comité sobre los tipos de interés”. El cambio de discurso, en todo caso, fue sutil: en marzo la Fed decía que la inflación “se mantiene elevada reflejando el incremento en los precios de la energía” y ahora, que la inflación “se mantiene algo elevada”.Los mercados, y las cifras, han terminado por dar la razón a este sector más alejado de Trump. Hace un mes los futuros daban una probabilidad de casi el 50% a que el precio del dinero bajar al menos en un cuarto de punto de aquí a fin de año, y no se anticipaban subidas. Ahora el recorte está prácticamente descartado y el mercado da una opción entre dos a que los tipos de interés suban, incluido en este porcentaje un 15% de opciones de que lo hagan en dos ocasiones. En esta línea, los tipos de la deuda han repuntado, de modo que el bono de Estados Unidos a 30 años se ha disparado hasta tocar el nivel más elevado desde 2007, el 5,18%. El foco, obviamente, es la guerra de Irán, que añade grandes dosis de incertidumbre al panorama económico y que justifica, también, la decisión de no mover el precio del dinero. Casi todos los miembros del consejo creen que existe el riesgo de que el conflicto en Oriente Medio se extienda durante un período prolongado o de que, “incluso tras el fin del conflicto, los precios del petróleo y otras materias primas se mantuvieran elevados durante más tiempo del previsto”. La combinación de aranceles, crisis energética, una política migratoria que está reduciendo la fuerza laboral y el impacto de la inteligencia artificial deparan un cóctel que incluso para los reputados economistas de la Fed es difícil discernir. Así, mientras algunos miembros de la reunión consideran que el crecimiento de la productividad es una fuerza desinflacionista (tesis que defiende el presidente entrante, Kevin Warsh), otros creen que el esfuerzo de inversión en centros de datos para la inteligencia artificial está implicando costes más elevados para otros sectores económicos. Lecturas discrepantes se encuentran, también, sobre el mercado laboral o el riesgo de que la inflación energética implique efectos de segunda ronda en precios y salarios. La inédita situación en la Reserva Federal es fruto también de la presión de trumpista sobre Powell para recortar los tipos de interés y de la numantina resistencia de éste. Las actas muestran desde hace meses una casi imposible búsqueda de consenso: en el consejo de la Fed conviven consejeros nombrados por Trump que se muestran a favor de tipos más bajos (Stephen Miran siempre; Michelle Bowman y Christopher Waller en ocasiones) con otros banqueros más ortodoxos, como los que votaron contra el cambio de discurso (Beth Hammack, Neel Kashkari y Lorie Logan, ninguno de ellos del comité ejecutivo). Y sigue el propio Jerome Powell, que se mantendrá en el cargo como consejero como forma de prevenir nuevos ataques a la independencia del organismo y denunciando, en su última comparecencia, una persecución legal “sin precedentes”. Eso sí, el factor Miran, economista de cabecera de Trump, queda desactivado: la Casa Blanca ha tenido que sacarle para nombrar a Warsh.