En el marco del desarrollo de las tesis de grado de la carrera de Arquitectura de la Universidad de Morón, un grupo de estudiantes llevó adelante un proyecto de fuerte compromiso social: el diseño y la dirección de obra del futuro Jardín Plaza Bebé, una institución de enseñanza alternativa impulsada por una cooperativa que busca responder a las necesidades educativas de su comunidad. La iniciativa se inscribe en una propuesta pedagógica que promueve la articulación entre teoría y práctica mediante la construcción en escala real, permitiendo a los alumnos materializar sus ideas en un proyecto concreto y de impacto tangible. El trabajo se desarrolló en equipos de hasta 10 estudiantes, quienes proyectaron módulos concatenados que dialogan entre sí y con el entorno. Así se dio lugar a un jardín diseñado contemplando normativas y especialmente para la comunidad. La propuesta se orientó a garantizar espacios seguros, funcionales y estimulantes, alineados con los valores de la cooperativa y con las exigencias contemporáneas en materia de arquitectura educativa.Esta experiencia académica impulsada por la Universidad de Morón busca integrar los conocimientos adquiridos a lo largo de la carrera en un proyecto con ejecución real. De este modo, los estudiantes debieron interactuar con distintos actores, identificar necesidades concretas y resolver problemáticas propias de la obra. La práctica permitió simular con precisión las condiciones del ejercicio profesional.Los alumnos cursaron la materia el segundo cuatrimestre de 2024 y construyeron durante casi todo el 2025, el jardín comenzará a funcionar en el sitio en 2027. Está ubicado en Castelar en el mismo predio de la escuela primeria CoPlaS Sustentable con la que el proyecto busca dialogar.Para comprender la complejidad del proyecto, los alumnos mantuvieron entrevistas con diversos interlocutores vinculados al jardín y a la comunidad. A partir de este proceso, definieron que los módulos debían funcionar como un organismo integrado, reflejando la identidad y las características de la cooperativa. El trabajo comenzó con el reconocimiento del territorio, la visita al predio y el análisis de su potencial, para luego avanzar en la elaboración de un master plan que reinterpretó el programa, las circulaciones y los accesos, incorporando patios y fortaleciendo el vínculo con la escuela primaria existente en el mismo predio.En este proceso, el programa académico también encuentra sustento en el trabajo de sus docentes coordinadores, quienes acompañan el desarrollo de los proyectos desde una mirada integral que articula diseño, construcción y reflexión crítica. Actualmente, el equipo está conformado por los arquitectos Alejandro Borrachia, Alejandro Albistur, Mabel Modanesi, Maximiliano Larrañaga y Gabriel Sottile, docentes de la Universidad de Morón, pertenecientes a la Escuela Superior de Arquitectura y Diseño (UM-ESAD). Su participación resulta clave para consolidar una dinámica pedagógica donde la experimentación proyectual se vincula directamente con la materialización de obras reales, promoviendo una formación que trasciende el ámbito académico tradicional.Desde este enfoque integral se definió la estrategia proyectual. En palabras de la arquitecta Analía Preiti, egresada de la Universidad de Morón y participante del proyecto: “Intentamos que este conjunto sea dinámico, flexible, que permita el diálogo con el entorno, que no tenga borde y esté bien integrado”. Asimismo, destacó la importancia de concebir espacios adecuados para la infancia: “Entender que ese espacio estaría habitado por niños y niñas y directamente vinculado al aprendizaje integral de ellos. El espacio necesitaba favorecer el juego, el desarrollo psicomotriz y el vínculo con la naturaleza”. Con entusiasmo por lo alcanzado, agregó: “Desde la arquitectura buscábamos acompañar”.Las propuestas de los alumnos se basaron en criterios de sustentabilidad y sostenibilidad, privilegiando la honestidad material y el bajo impacto ambiental. La coordinación de recursos, la gestión y la ejecución fueron reconocidas como algunos de los mayores desafíos de la experiencia. Asimismo, los estudiantes destacaron la importancia de la comunicación y el trabajo colaborativo, replicando dinámicas propias del ámbito profesional.El arquitecto Mauro Juri, también egresado de la Universidad de Morón y participante del programa, destacó el riguroso proceso de evaluación normativa, accesibilidad y seguridad. Además, explicó el desafío de lograr la independencia de los módulos para que cada equipo pudiera desarrollar su propuesta, manteniendo al mismo tiempo la coherencia del conjunto. “Se trabajó sobre una lectura homogénea del proyecto y se tuvieron en cuenta cuestiones territoriales, como por ejemplo las cotas de inundación”, señaló. En términos constructivos, los sistemas adoptados incluyeron soluciones en estructura metálica, madera, steel frame, balloon frame y superadobe, evidenciando la capacidad de los materiales para dialogar entre sí.Sobre la experiencia, Juri expresó: “A nivel personal fue muy enriquecedora y gratificante. Poder terminar la carrera de grado construyendo en escala real, y nada más y nada menos que para un jardín de infantes que aporta a la comunidad, no es solo la experiencia de haberlo proyectado, sino también de haberlo construido”. Asimismo, Juri destacó el aprendizaje obtenido a través del trabajo en equipo y el respeto por las necesidades del comitente, subrayando que el proyecto dejó no solo conocimientos técnicos, sino también habilidades de diálogo y trabajo en equipo.Por su parte, el decano de Escuela Superior de Arquitectura y Diseño (UM-ESAD) de la Universidad de Morón, el arquitecto Alejandro Borrachia, explicó el enfoque pedagógico del programa. Según relató, al inicio de la cursada se impulsa una investigación vinculada a la temática del proyecto, que luego evoluciona hacia el desarrollo de módulos con identidad propia. “Buscamos que los alumnos puedan ver en sus obras reflejadas y representadas sus inquietudes como arquitectos y arquitectas”, afirmó.Borrachia destacó además la importancia de proyectar con materiales disponibles en el mercado, obtenidos mediante convenios con proveedores y donaciones. “Acá proyectás sabiendo que la gestión es parte fundamental; entonces la gestión toca el proyecto. Esa es una enseñanza que nosotros tratamos de marcar”, señaló. Asimismo, explicó que antes de iniciar el diseño se establecen lineamientos comunes, a modo de un código compartido, que garantizan la coherencia del conjunto, mientras que los docentes y asesores técnicos acompañan el proceso desde un rol orientador.El proyecto del Jardín Plaza Bebé se consolida así como una experiencia pedagógica que vincula la academia con la realidad profesional. A través de la construcción en escala real, los estudiantes no solo materializan sus conocimientos, sino que también contribuyen a la comunidad. Esta iniciativa demuestra que la arquitectura puede convertirse en una herramienta transformadora al servicio de la comunidad.