La cartografía de Idealista es la que mejor explica esta ciudad: sus problemas, su limpieza y sus afinidades políticas

Hace años, cuando alguien me daba una dirección, lo primero que hacía era ver dónde quedaba en el mapa del metro. Últimamente, para hacerme una composición realista del lugar, pongo esa dirección en Idealista. Llego tarde y ​deprimido a todos lados, pero conozco mucho mejor mi ciudad. Ni el de Google Maps, ni el de Mancelli. De todos los mapas que una vez se trazaron de la capital, el que mejor refleja esta ciudad es el de Idealista. La aplicación de compraventa y alquiler de casas ha superpuesto una interfaz capitalista al entramado urbano. Las burbujas verdes con precios imposibles salpican las calles y reflejan a la perfección en qué se está convirtiendo Madrid. Esta ciudad tiene un montón de cicatrices reales que solo se aprecian de forma virtual. Fronteras que puedes sentir de forma difusa cruzando un puente o una avenida, pero que adquieren un poso tangible, matemático, cuando abres esta aplicación para entender lo que está pasando.

El mapa de Idealista explica el mapa electoral que se publica en periódicos como este para contar cómo ha arrasado el PP en la ciudad. Ahí está el cinturón que una vez fue rojo, el cogollito azul, el bastión morado o verde menta de Lavapiés, como una aldea gala que resiste a los embates del café de especialidad y la cuquificación depredadora. Ahí están las periferias suburbanas​, que demuestran que una sucesión de casas no tiene por qué formar un barrio. Perdura en estos lugares un aroma a ciudad recién estrenada, con piscinas relucientes y placas de Securitas Direct adornando ​los portales (por si los okupas burgueses de movilidad social ascendente). Los árboles aquí son eternamente ​raquíticos y la única vegetación frondosa es aquella que hace las veces de muro entre las casas y la ciudad.