Los expertos, sociólogos y urbanistas, definen esta diferencia como una cuestión aspiracional: el barrio por construir se relaciona con el progreso, con el Madrid del futuro, con el próximo Valdebebas
En la calle Albaricoque, en Carabanchel, la constructora Kronos Homes construye un edificio de viviendas: el centro de salud está enfrente, la calle cuenta con varios pequeños comercios y la estación de metro de Carabanchel Alto está a seis minutos andando. 20 kilómetros hacia el sur, en el barrio de Los Berrocales a medio terminar, la misma construc...
tora tiene un inmueble similar en construcción, en una calle sin terminar y que todavía no tiene nombre, donde no hay noticias de dónde estará el centro de Salud o siquiera un colegio, y la estación de metro más cercana, Las Suertes, está a media hora caminando. La misma tipología de piso en dos escenarios distintos. Obra nueva en ambos casos. Según sus ofertas más asequibles en respectivas promociones, la de Los Berrocales es 131.310 euros más caro después de haber aplicado el IVA.
Esa es una de las paradojas inmobiliarias de Madrid: ¿Por qué esa diferencia entre el piso en un barrio consolidado, con todos sus servicios cercanos, y un piso parecido en un barrio por hacer? A sociólogos y expertos no les sorprende. Es una cuestión aspiracional. Vivir en un barrio nuevo es una forma de progreso: se vende como un producto exclusivo. Carabanchel, Vallecas o Aluche tienen su estigma. Estos nuevos desarrollos se ven como el Valdebebas del futuro.






