Mientras se enfilaba por un poste para alcanzar un nido de pájaro, la chilena Lorenza Böttner sufrió una fuerte descarga eléctrica que obligó a amputarle ambos brazos por debajo del hombro. Tenía ocho años y creció siendo considerada “discapacitada”, pero ofreció resistencia. Rechazó las prótesis, aprendió a pintar con la boca y los pies, reclamó su derecho a vivir y crear en un cuerpo sin brazos eludiendo el riesgo de ser considerada un freak show, adoptó una identidad transgénero y reivindicó su propia sexualidad. En una de su performances más célebres, se mostraba como la Venus de Milo , con prótesis en los pechos y el cuerpo completamente cubierto de pintura blanca. Inicialmente permanecía inmóvil, como si fuera de mármol, pero de repente abría los ojos y preguntaba: “¿Qué harías si el arte cobrara vida? “La pregunta -dice blanca arias- encierra otra mucho más densa: ¿por qué aquellos cuerpos que consideramos bellos dentro de un museo no nos lo parecen cuando salimos a la calle otra vez?”Dos visitantes pasan delante de una fotografía de Juno Calypso EFE/Alejandro GarcíaBienvenidos a El culto a la belleza , la magnífica exposición realizada en colaboración con la Wellcom Collection de Londres que este jueves abre sus puertas en el CCCB con más de 400 objetos y obras de arte, desde lunares de seda negra del siglo XIX que hombres y mujeres usaban para tapar las marcas de viruela (como los bigotes, que se pudieron de moda e incluso los utilizaban las prostitutas para atraer a los clientes) a sombras de ojos del Neolítico, filósofos barbudos hirviendo en el interior de un caldero para renovar su sangre con jugos mágicos y cortesanas francesas del siglo XVI bebiendo aurum potabile con la esperanza de una juventud eterna que las acabó matando. También se puede experimentar cómo olían hombres poderosos como Nerón o Napoleón. Entrar en los baños de una discoteca frecuentada por adolescentes o contemplar, como si fuera una joya, una mascarilla de ahora mismo cuya base principal es el oro macizo.Una colección de Barbies junto a Miss Essex 2009 fotografiada por Zed Nelson Mane Espinosa“¿Existe la belleza universal?”. Janice Li, la comisaria de la muestra en la Wellcom Collection, aquí reforzada y ampliada por Júlia Llull y blanca arias , dice que es esta la pregunta que más ha tenido que responder desde que inició el proyecto y sabe de memoria la respuesta: no, los ideales de belleza no son universales ni permanentes, lo que exploramos aquí es por qué desde el principio de la historia humana hemos estado obsesionados en buscar un nuevo ideal de belleza cada siglo, cada década, y ahora cada semana con Tik Tok. Entre las víctimas se encuentran quienes se ven afectados por los implacables estándares de belleza actuales: la exigencia social de lucir joven y con una apariencia perfecta en todo momento”, señala. Ahí están los nuevos desórdenes como la cosmeticorexia.Nuestra obsesión por la belleza no es el fenómeno del siglo XXI. Pero ¿por qué ansiamos tanto obtenerla? “No hay respuestas, pero sí muchos estímulos y una defensa de la belleza no como un privilegio, sino como un derecho”, contesta por su parte arias, para quien, de la misma manera que en cada momento han intentado imponernos un canon, ha existido siempre una disidencia que rompe límites y amplia la formas posibles de belleza.Dedicar una exposición la belleza puede parecer naïf y a la vez ser un gesto profundamente revolucionario”, apunta Judit CarreraComo Lorenza Böttner, que vivió en Barcelona, durante los Juegos Paralímpico del 92 desfiló disfrazada de Petra, la mascota diseñada por Mariscal, y ahora tiene el honor de abrir una exposición que se adentra en los ideales de belleza y en cómo alcanzarla (el deseo no cambia ni disminuye), desnuda los delirios de la industria, que ha experimentado un auge en los últimos años hasta llegar al actual momento Ozempic, una medicación que, señala Jordi Costa, el jefe de exposiciones del centro, encierra la promesa de cuerpos perfectamente moldeados sin esfuerzo.Obra de Angélica Dass, 'Humanae', 2025 Guillem Roset / ACNDe existir el elixir de la eterna belleza, seguramente no les habría importado tomarlo a las mujeres “viejas y feas” de un grabado del siglo XVII en el que sus maridos las llevan a un molino de viento para mejorarlas moliéndolas. Un siglo antes, Santa Rosa, que era admirada en Lima por su belleza se desfiguró el rostro refregándose con granos de pimienta hasta que le salieron ampollas porque solo Cristo podía ser bello. No muy lejos de ahí, la antigua Nefertiti egipcia, con su cuello de cisne y sus cejas y ojos intensamente delineados, acompañada de la Virgen Negra de Guadalupe (procedente de Extremadura) y la Moreneta. Y una Maja desnuda sin depilar (Peliagudas).Lee también“Dedicar una exposición la belleza puede parecer naïf y a la vez ser un gesto profundamente revolucionario”, apunta Judit Carrera, la directora del CCCB. Hay una colección de Barbies y divertidos autorretratos de Juno Calypso en plena obsesión por no envejecer; la belleza fuera de toda imposición de las gitanas captadas por Colita en las barracas de Montjuïc y Miss Essex llorando con el rímel corrido tras perder el certamen, una silla acribillada de espejos para contemplar nuestra imagen (Reflexions on Narcissus, de Lesley Yendell) o un hermoso mosaico fotográfico de Angélica Dass (Humanae ), que retrata a personas de todas las edades y razas singularizando a cada uno de ellos sincronizando los píxeles de la nariz de cada uno de ellos con el color del fondo. También hay una nariz rebelde, que respira aparatosamente y se resiste a someterse a una rinoplastia en Irán, el país de origen de la artista (Shirin Fathi) y líder mundial en este tipo de intervenciones.Instalación de la artista anónima Narcissister Manè EspinosaLos objetos hermosos de la madre muertaEntre las obras creadas para la muestra destaca Mirror, mirror o the Wall, una instalación inmersiva del colectivo de arquitectas Xcessive Aesthetics que evoca la experiencia sensorial del baño de mujeres en una discoteca, lugar de confidencias (también cosméticas). Y, al final. Narcissiter, una artista neoyorquina anónima escudada tras ese seudónimo, apila todas las cosas hermosas (desde ollas de cocina a la mesilla de noche) que pertenecieron a su madre muerta en 2012 (una poeta de origen tangerino) en una escultura de tres metros de altura que habla de los legados que heredamos y los ideales de belleza que se transmiten de generación en generación.
Del olor de Nerón a los baños de la disco, el CCCB explora nuestra obsesión por la belleza
La muestra, realizada en colaboración con la Wellcom Collection de Londres, reúne más de 400 piezas que revisan desde la construcción del cánon a la industria de la cosmética









