El Tyrannosaurus rex se ha convertido en un inesperado icono cinematográfico, protagonista de decenas de películas, con una presencia destacada en la saga Jurassic Park. La imagen que se proyectaba del animal era casi terrorífica: con un enorme tamaño, con una boca capaz de engullir a todo lo que se le pusiera por delante y con un sonido que espantaba. También se le ha presentado de forma más amable en Toy Story o En busca del valle encantado.
En cualquier caso, si los espectadores hacen memoria, recordarán que al Tyrannosaurus rex siempre se le ha representado con un gran tamaño, con una temible boca y con unos brazos muy cortos, que casi pasaban desapercibidos para el gran público.
Esa diferencia de tamaño tenía un motivo, de acuerdo con los resultados de una nueva investigación liderada por investigadores del University College London (UCL) y la Universidad de Cambridge y publicada en la revista Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences.
De acuerdo con este estudio, la evolución de brazos diminutos en varios grupos de dinosaurios carnívoros, entre los que se incluye el Tyrannosaurus rex, probablemente se debió al desarrollo de cabezas fuertes y poderosas. Ese cambio adaptativo habría respondido a la necesidad de atacar a presas de mayor tamaño, a los que podían dominar con más autoridad utilizando esa parte del cuerpo. Y no los brazos.











