Noticias hoyAmérica en sus poetas. Una cartografía lírica del continente nos llega de la mano de un rosarino hace largo tiempo residente en Barcelona. Ya desde su prólogo, el poeta Edgardo Dobry justifica la arbitrariedad de ciertos nombres escogidos (toda antología tiene una lógica parecida, a fin de cuentas), y aclara que “la gran conversación de la poesía no tiene tono sin la intermediación del crítico, que en ocasiones es el mismo poeta en otra escena de especulación”. Queda todo dicho, porque de ahí en más los ensayos oscilarán entre la erudición académica y la necesidad de comprender la materia en la que él mismo está inserto.Habrá entonces que explicarse la historia de la poesía americana, construir una cartografía personal que toque a muchos, y para eso empezar con Poe y Withman que, como bien señala Dobry, hace del canto de sí mismo el canto de todos. Estos temas importan, aunque no tanto. Lo que más interesa es la capacidad sincrética de nuestro continente, que en su mixtura de identidades es capaz de producir, por ejemplo, un Rubén Darío. En su ensayo, Dobry dirá de él: “A pesar de todas las acusaciones de afrancesamiento, al imitar o trasplantar a los poetas parnasianos (primero) y simbolistas (más tarde), Darío hizo los versos más finos y renovadores del castellano en décadas, quizás en siglos, dividiendo la prosodia en dos etapas ya inconciliables”.Estos transvases son los temas por los que Latinoamérica respira. Encontrar en un idioma el sustrato de otro, o bien, como en su ensayo sobre Lugones, la transposición de unas identidades en otras. Escribe Dobry: “Hacía falta dar entidad heroica a Martín Fierro para convertirlo en el representante rioplatense de aquellos titanes europeos cuyo linaje se remonta a los héroes homéricos y virgilianos, y, más cerca, de los ‘paladines’ españoles y franceses en su guerra territorial y religiosa contra los musulmanes, lo que Lugones denomina ‘la época heroica por excelencia’”. Este tipo de cuestiones no son novedad. Ya en el 1500 Alonso de Ercilla hizo una operación parecida en La Araucana, asimilando –como señala Beatriz Pastor en su extraordinario libro El segundo descubrimiento– a los araucanos a la historia occidental, “a través de sus comparaciones con dioses, héroes y guerreros de la antigüedad, o del establecimiento de una equivalencia entre su comportamiento y el de los prestigiosos guerreros del ejército español que triunfó en San Quintín o en Lepanto”.Sin duda el ensayo sobre Lugones es uno de los más interesantes. Dobry le había dedicado un libro, Una profecía del pasado, donde para extraer conclusiones se consagró con arrojo a lecturas por las que pocos están dispuestos a transitar. Ya resulta difícil pensar que Ashbery amerite un ensayo más, o bien secundar ciertas aseveraciones, como la que sostiene que Rosario Castellanos puede enmarcarse en una serie de poetas “que murieron de forma trágica o por propia mano, como Delmira Agustini, Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik”, lo que desmiente la originalidad que el propio ensayo sustenta gracias al hecho azaroso de que a Castellanos se le ocurriera tocar una lámpara defectuosa al salir del baño, allá por el año 1974. Mucho más interesantes son sus ensayos sobre sus compatriotas, que cierran este libro singular: Kamenszain, Perlongher, Sergio Raimondi y Daniel Samoilovich, a la memoria de quien Dobry dedica estas páginas. Otra forma de nombrar los transvases, los sincretismos. Como señala a propósito de las islas Galápagos, llamadas “Encantadas” por Herman Melville: “Si un estadounidense las renombró, ¿por qué un argentino no iba a saquearlas?”.América en sus poetas, Edgardo Dobry. Taurus, 256 págs.Mercedes AlvarezBio completaRecibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de ClarínQUIERO RECIBIRLOPoesía
Liras bien afinadas
El poeta y ensayista Edgardo Dobry publica América en sus poetas, textos sobre Néstor Perlongher, Tamara Kamenszain, John Ashbery y otros.














