Con amplia trayectoria en la editorial Debate y creador del sello Caballo de Troya, incansable rastreador de talento literario, cuenta los entresijos del oficio en el ensayo ‘El arte de rechazar manuscritos’
Constantino Bértolo (Lugo, 80 años) es un nombre referencia dentro de la edición española. En su hoja de servicios está el haber liderado Debate y haber dado primeras oportunidades a escritores como Ray Loriga, Marta Sanz o Luis Magrinyá. Y a muchísimos más en la editorial Caballo de Troya, que se inventó precisamente para encontrar nuevos talentos (y a bajo coste). Por el camino, además de abrir puertas ha tenido que cerrarlas, colaborando a esa historia paralela de la literatura: la que nunca se publica. Ahora reflexiona sobre esa ingrata tarea en El arte de rechazar manuscritos (Debate).
Pregunta. Dice que “los editores son unos desalmados y los escritores sufren sobredosis del yo”.
Respuesta. En los editores conviven dos almas, la literaria y la económica. Dependiendo de la editorial una se impone más que otra. Casi siempre, eso sí, predomina el alma económica. Yo no leía igual cuando llevaba resultados decentes que cuando eran indecentes.
P. ¿Y los autores?






