La leishmaniosis es una enfermedad parasitaria transmitida por la picadura de insectos diminutos, los flebótomos, que actúan como vectores de distintos patógenos. En el caso de Europa, el principal responsable es Leishmania infantum, un protozoo que puede afectar tanto a perros como a personas, con consecuencias que van desde lesiones cutáneas hasta formas graves que comprometen órganos internos.La cuenca mediterránea reúne las condiciones ideales para que este ciclo se mantenga activo gracias a sus temperaturas suaves, unos inviernos cada vez menos fríos y los veranos largos, favoreciendo la supervivencia de estos insectos, que encuentran en perros y otros mamíferos una fuente constante de sangre para alimentarse. A esto se suma que el cambio climático está ampliando progresivamente las zonas donde estos vectores pueden establecerse.Cambio climático y expansión silenciosaLos flebótomos son insectos especialmente sensibles a la temperatura, y los cambios que está causando la crisis climática está favoreciendo su supervivencia y ampliando su rango geográfico hacia zonas donde antes no estaban presentes.Esto tiene la consecuencia directa de que enfermedades que tradicionalmente se consideraban propias del sur de Europa están empezando a detectarse en áreas más septentrionales. De hecho, algunos estudios ya han documentado desplazamientos hacia el norte.El problema es que, en estas nuevas zonas, la falta de familiaridad con la enfermedad puede retrasar su diagnóstico. En los seres humanos, los síntomas pueden confundirse con otras infecciones, y en animales, las señales iniciales, como la pérdida de peso, las lesiones cutáneas y la apatía, pueden pasar desapercibidas.Los perros como ‘sensores’ de la enfermedadUn reciente estudio ha analizado muestras de sangre de 2.500 perros de países como Portugal, España, Italia, Turquía, Israel y Croacia. El objetivo era detectar anticuerpos, es decir, señales de que esos animales habían estado expuestos a distintos patógenos transmitidos por flebótomos.Los resultados confirman que los perros funcionan como auténticos centinelas epidemiológicos. Su estilo de vida, con paseos al aire libre,un estrecho contacto con el entorno y la exposición repetida a insectos, hace que reflejen con bastante fidelidad qué está circulando en una zona determinada.Esto es especialmente relevante en el caso de Leishmania infantum, ya que los perros no solo enferman, sino que también actúan como reservorio del parásito, facilitando su mantenimiento en el ecosistema.Un riesgo muy desigual según el territorioUno de los hallazgos más claros del estudio es que la presencia de estos patógenos no es homogénea y la exposición varía enormemente en función de la región.En el caso de la leishmaniosis, no se detectaron perros seropositivos en algunas zonas concretas, como Istria (Croacia), en el norte de España y en ciertos distritos de Israel. En cambio, en regiones como Sicilia o determinadas áreas de Turquía y, de nuevo, en España, la seroprevalencia superó el 30%, lo que indica una circulación intensa del parásito.Algo similar ocurre con los flebovirus, un grupo de virus también transmitidos por flebótomos. El virus Toscana, asociado a cuadros neurológicos como la meningitis, apenas apareció en la mayoría de zonas, pero alcanzó cifras relevantes en el sur de España (entre el 8% y el 24%) y en una región concreta de Turquía. El virus siciliano, por su parte, mostró focos muy localizados en Turquía, Israel y Lisboa.Esta variabilidad geográfica es, de hecho, la clave para entender el riesgo real en cada territorio y diseñar estrategias de vigilancia más ajustadas.La huella de los flebótomosMás allá de los patógenos, el estudio también analizó la exposición de los perros a las picaduras de flebótomos, a través de anticuerpos frente a proteínas de su saliva. Los resultados indican que estos insectos están ampliamente distribuidos en el Mediterráneo, con niveles especialmente altos de exposición en Portugal, Sicilia y gran parte de España en el caso de Phlebotomus perniciosus, una de las especies más implicadas en la transmisión de la leishmaniosis.En paralelo, Phlebotomus papatasi mostró una presencia más focalizada, concentrada en Sicilia y en determinadas regiones españolas.Qué es CLIMOSEl estudio forma parte del proyecto europeo CLIMOS (Climate Monitoring and Decision Support Framework for Sand Fly-borne Diseases Detection and Mitigation), una iniciativa que busca entender cómo el clima y los cambios ambientales influyen en la expansión de enfermedades transmitidas por flebótomos.El objetivo, además de recopilar datos, también pretende desarrollar mapas de riesgo, sistemas de alerta y modelos predictivos que permitan anticipar dónde pueden aparecer nuevos focos. Todo ello con el objetivo de reducir la incertidumbre y mejorar la capacidad de respuesta tanto en la salud humana como en la veterinaria.Uno de los aspectos centrales del proyecto es precisamente integrar factores ambientales, climáticos y sociales, porque la distribución de estas enfermedades no depende únicamente del parásito o del vector, sino de un conjunto complejo de variables.Referencia: Dogs as sentinel hosts for sand-fly-borne infections in the Mediterranean Basin: a multinational serological survey. Gaetano Oliva, Gioia Bongiorno, Valentina Foglia-Manzillo et al. Parasites & Vectors (2026)