Un desconcertante diagnóstico de malaria —infección transmitida por mosquitos y endémica de zonas tropicales— en una paciente que no se había movido de la provincia de Sevilla ha permitido identificar una grieta de seguridad en algunas pruebas diagnósticas. Las fundas protectoras de plomo que cubren las jeringuillas usadas en análisis como la gammagrafía tiroidea —cuya misión es proteger al personal sanitario del yodo radioactivo— han sido identificadas como la vía que posibilitó el contagio, según la investigación publicada ahora por profesionales del Hospital Virgen del Rocío en la revista de referencia Emerging Infectious Diseases.
Aunque las jeringuillas son siempre desechadas después de un solo uso y gestionadas como residuo radioactivo, los protectores eran reutilizados hasta ahora el mismo día tras ser sometidos a una desinfección entre paciente y paciente. El caso, sin embargo, ha revelado que este sistema no fue suficiente para eliminar el parásito de las minúsculas manchas de sangre contaminadas que pudieron quedar en la superficie de plomo.
Esto ha llevado al hospital a “actualizar el protocolo” de seguridad. “Además, ha sido organizada una formación intensiva de los profesionales implicados en el proceso para mejorar los niveles de seguridad que siguen los especialistas en Medicina Nuclear, que ya son muy elevados y mantienen protocolos específicos muy rigurosos que permiten realizar casi 30.000 procedimientos al año sin registrar, hasta el momento, incidencias”, explica un portavoz de la Junta de Andalucía.






