La primavera deshiela de nuevo la cuestión de Groenlandia. Esta semana, el enviado especial de Donald Trump para la isla, Jeff Landry, aterrizaba en la capital ártica sin una invitación formal de la Administración local, desatando las alarmas en Copenhague en Bruselas. El objetivo declarado de Landry, según él mismo, seguía las órdenes de Trump para "ir hasta allí y hacer tantos amigos como se pudiera conseguir". Para los europeos, sin embargo, las intenciones son otras, y no han cambiado demasiado desde que a finales de 2025 y principios de 2026 Washington admitiera que "no descartaba" el uso de la fuerza para hacerse con el territorio. El tenso pulso de entonces forzó a Copenhague (con ayuda de algunos de sus socios europeos) a acelerar un despliegue casi inédito en la isla, y la presión en el seno de la OTAN finalmente provocó que Trump se replegara en sus declaraciones públicas. Sin embargo, la visita sin permiso de Landry reabre el melón justo en el peor momento para Copenhague: pese a que la socialdemócrata Mette Frederiksen ganó las elecciones, las negociaciones para formar gobierno fracasaron la semana pasada. Y coincide también cuando se acaba de filtrar que, pese a los intentos daneses de ampliar su ejército, no tiene suficientes soldados ni para cumplir con los mínimos en la isla, por lo que está utilizando a jóvenes de la 'mili'. El servicio militar en Dinamarca es una lotería. Cuando un danés cumple 18 años, recibe una carta con la fecha en la que debe pasar un reconocimiento médico y sacar un número al azar. Esa papeleta determinará si se libra, si queda en reserva o si está obligado a hacer la mili. Los que obtienen este último resultado siguen teniendo la suerte de su lado. Hasta ahora, lo habitual era que el Ejército cuentara con suficientes jóvenes voluntarios como para cubrir todas las plazas y no forzar a nadie a formar parte de sus filas. Pero este año, hasta esos voluntarios pueden verse obligados a hacer algo con lo que no contaban: cumplir parte de su servicio militar en Groenlandia. El Ministerio de Defensa trabaja en un plan para reemplazar a parte de los soldados de combate que desplegó en la isla ártica durante la crisis con Estados Unidos con estos jóvenes. El documento en el que ha quedado plasmada la propuesta, elaborado por el jefe del Ejército Peter Boysen, explica que “la intención a largo plazo es utilizar a estos reclutas para la realización de estas tareas”, lo que permitiría la salida de la isla de todos los miembros de la Primera Brigada del Ejército danés de Groenlandia. Esta brigada es una unidad profesional en la que Dinamarca está invirtiendo millones de euros para aumentar sus soldados de élite preparados para el combate, uno de los objetivos centrales de Dinamarca dentro de su papel en la OTAN. “Esto demuestra la presión a la que está sometido el Ejército debido a la escasez de soldados”, destaca Tom Block, líder de HKKF, el sindicato más grande del Ejército danés. En declaraciones a la cadena danesa TV2, que ha dado la exclusiva, Block denuncia que "es lamentable" que estos chavales tengan que asumir parte de las tareas de las Fuerzas Armadas y muestra su preocupación por si “tras seis meses de entrenamiento básico serán capaces de asumir tareas operativas tan importantes”. Pese a la seriedad de la misión, "es menos relevante que las fuerzas enviadas sean soldados haciendo la mili en vez de soldados profesionales, porque lo que importa es que se envían soldados a Groenlandia", sostiene sin embargo Mikkel Runge Olesen, investigador sénior del Instituto Danés para Estudios Internacionales de la Universidad de Copenhague. En conversación con El Confidencial, explica que "al final Dinamarca nunca sería capaz de defender Groenlandia de un ataque persistente de EEUU, por lo que el mensaje más importante es la voluntad de defenderla, no si uno cree que esa defensa será exitosa o no". La cifra de cuántos recursos adicionales ha mandado Dinamarca a su misión en el Ártico desde la crisis de soberanía con Estados Unidos no se ha hecho pública, pero se estima que el Ejército destinó, durante los momentos más críticos con la Administración Trump, unos 300 soldados más a la misión de 90 personas que mantenía en la isla. Sin embargo, esa cantidad habría descendido desde que la tensión se rebajó a unos 150, según el documento citado, a lo que habría que sumar personal de apoyo y los soldados que acuden a participar en ejercicios militares en la región. El plan ahora, según lo presentó el jefe del Estado Mayor en marzo al comité de cooperación entre la alta dirección del Ejército y el sindicato de soldados, sería enviar en septiembre a Groenlandia inicialmente unos 100 jóvenes que cumplen actualmente su servicio militar. Liderados por profesionales, se encargarían durante un mes de tareas operativas como la vigilancia de infraestructuras críticas en la isla. La idea es seguir mandando más equipos de jóvenes según vayan comenzando su mili, un servicio que ha sido ampliado de cuatro a 11 meses y ha incluido a las mujeres tras la última gran reforma del Gobierno de Frederiksen, que entró en vigor este 2026. Las tareas que tendrán que desarrollar estos jóvenes no parecen ninguna broma tras conocerse la estrategia que elaboró Copenhague el pasado enero cuando se tomó muy en serio la posibilidad real de una invasión de Groenlandia por orden de Donald Trump. Los soldados daneses enviados en ese momento de tensión máxima llevaron consigo explosivos para destruir, entre otras cosas, pistas de aterrizaje estratégicas en la capital Nuuk y en Kangerlussuaq. También transportaron reservas de sangre por si hubiera heridos en campo de batalla, puesto que la orden era entrar a combatir y defenderse con fuego real ante un ataque estadounidense, con el objetivo de que el hipotético coste para Washington fuese lo más alto posible. El analista Olesen reconoce que existe "el peligro" de que Washington interprete el envío de estos chavales "como una señal de debilidad", pero insiste en que "no es la medida exacta de la capacidad de defensa que tiene Dinamarca lo que determinará las acciones de EEUU, sino los aspectos políticos, la crisis política de una operación así". El experto en relaciones transatlánticas y seguridad en el Ártico recuerda también que “no se puede esperar tener soldados profesionales de la noche a la mañana”, por lo que ahí se halla el “dilema fundamental” al que se enfrenta Dinamarca y puede que haya optado por mandar a estos chavales como “una medida de último recurso”, mientras forma más soldados profesionales a largo plazo, algo que requiere “mucho tiempo”. Las nuevas exigencias en Groenlandia por la crisis desatada por Estados Unidos se suman a los problemas de personal que ya afrontaba el Ejército danés, especialmente en esa región. Según un informe interno desvelado por la radiotelevisión pública danesa DR, hasta un 60% de los soldados destinados en buques enviados al Ártico está considerando dimitir por las duras condiciones que experimenta. El mismo estudio muestra que un 14% de la tripulación sufre un mayor riesgo de caer en depresión o estrés y más de un 15% experimenta síntomas de síndrome de estrés postraumático. El informe, basado en una encuesta a los soldados, destaca que las principales quejas de los marinos se deben a los bajos salarios que reciben, a una mala gestión de sus superiores y a un entorno laboral hostil, en el que hasta la calidad de los uniformes y las camas es deficiente. “Esto, obviamente, son muy malas noticias para la defensa danesa”, advierte Olesen, que señala que “estos problemas han estado ahí desde hace tiempo y el gran reto de la defensa danesa es mejorar las condiciones de los soldados daneses profesionales y de los jóvenes que hacen el servicio militar para poder retener personal durante más tiempo”. “Haz tantos amigos como puedas” Mientras Dinamarca debe hacer frente a estas tensiones dentro de sus Fuerzas Armadas, la presión de Estados Unidos sobre la soberanía de Groenlandia no ha desaparecido, aunque haya bajado en decibelios. Este domingo aterrizó en Nuuk el enviado especial de la Administración Trump para la isla, un cargo creado en el apogeo de las tensiones entre ambos países y que ha ocupado Jeff Landry, el gobernador republicano de Luisiana. Ya en suelo groenlandés, Landry señaló que la misión que Trump le transmitió para su visita es clara: “Haz tantos amigos como puedas”. Landry se ha reunido con el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, en lo que este último ha calificado como un encuentro "de cortesía". También tiene previsto asistir a una feria empresarial que se celebrará este martes. "Estoy aquí solo para construir relaciones, escuchar, aprender y ver si hay posibilidades para ampliar la relación entre Estados Unidos, Groenlandia y Dinamarca”, ha insistido Landry antes de estos encuentros. El Gobierno danés, mientras, sigue haciendo equilibrios entre la presión y la colaboración con Estados Unidos. En los últimos meses, ambos países han mantenido negociaciones para que Washington aumente su presencia militar en la isla, con la intención de abrir hasta tres nuevas bases en el sur del territorio, según adelantó la BBC, que también informó de que los negociadores estadounidenses habían planteado que las nuevas instalaciones fueran formalmente designadas como territorio soberano de EEUU. Además, la Administración Trump quiere asegurarse de que podrá mantener sus bases indefinidamente, incluso si Groenlandia se independiza, y tener poder de veto ante cualquier acuerdo de inversión que se firme con otras potencias, como Rusia y China, según The New York Times, premisas que no han gustado nada a los groenlandeses. Aunque su primer ministro ha asegurado que las negociaciones van “en la buena dirección”, ha remarcado que no hay nada cerrado. En paralelo, Dinamarca está encontrando dificultades para alinear sus objetivos políticos de defensa con las capacidades de su propio Ejército. Más allá del flanco del Ártico, Copenhague tiene la intención de ampliar y reforzar su Primera Brigada para que alcance los 6.000 soldados preparados para el combate, un objetivo que debería estar listo para 2028. Además, esta brigada deberá absorber los grandes volúmenes de material que se está adquiriendo por millones de euros y que incluyen equipación como vehículos de infantería y drones que requieren entrenamiento para su uso. Al mismo tiempo, Dinamarca se ha comprometido a entrenar en Polonia a soldados de combate ucranianos dentro de los trabajos de la OTAN para apoyar a Ucrania en su guerra contra la invasión rusa. También está previsto que envíe un batallón de combate de la Primera Brigada a Letonia. Sin embargo, las soluciones a los problemas de recursos que está experimentando Dinamarca tendrán que esperar a que se forme un nuevo Gobierno. Tras las elecciones del pasado marzo, que arrojaron un resultado que no otorgaba una clara mayoría ni al bloque de la derecha ni al de la izquierda, los partidos siguen negociando y el país ya vive el mayor impás de su historia moderna con un ejecutivo en funciones, sin que por ahora se vislumbre una salida al bloqueo. Pese a esta situación, Mikkel Runge Olesen, el experto del Instituto Danés para Estudios Internacionales, no le otorga un efecto trascendente a la hora de poner solución a los problemas del Ejército danés. “Tendremos que esperar a que Dinamarca tenga gobierno para ver si se pueden solucionar. Pero no tardará tantos meses en formarse como para que tenga algún impacto”, concluye.