El gigantesco territorio ártico, rico en recursos naturales y oportunidad de negocio por el cambio climático, lleva más de un siglo en el punto de mira de Estados Unidos

Dinamarca y otros siete países europeos enviaron la semana pasada pequeños contingentes de tropas a Groenlandia —en un gesto casi simbólico— para participar en maniobras militares en la enorme isla ártica cuya anexión ansía Donald Trump. El presidente de Estados Unidos anunció la imposición de aranceles de hasta el 25% a estos ocho aliados si no dejan de oponerse a su plan de controlar Groenlandia, aunque este miércoles retiró la amenaza.

“Me gustaría llegar a un acuerdo, ya saben, por las buenas; pero si no lo hacemos por las buenas, lo haremos por las malas”, advirtió Trump el 9 de enero. Poco antes, el mandatario cuestionó abiertamente la soberanía danesa sobre la isla: “Que un barco suyo desembarcara allí hace 500 años no quiere decir que sea de Dinamarca”.

“No usaré la fuerza”, sostuvo este miércoles el republicano durante su intervención en el foro económico de Davos (Suiza), en la que insistió en la “necesidad” de controlar Groenlandia. En caso de una invasión estadounidense, los soldados daneses deberán entrar en combate sin esperar órdenes, según una directiva militar de 1952 que el Ministerio de Defensa de Dinamarca ha confirmado que sigue en vigor.