El Gobierno de Groenlandia ha criticado la llegada a Nuuk de un médico estadounidense junto al enviado especial de Donald Trump, Jeff Landry. El Ejecutivo denuncia que los groenlandeses no son “conejillos de laboratorio”.
Joseph Griffin afirmó que se había unido a la delegación como voluntario para “evaluar las necesidades médicas” de la isla ártica, que el presidente de Estados Unidos ha amenazado varias veces con invadir.
La ministra de Sanidad de Groenlandia, Anna Wangenheim, ha criticado de inmediato su presencia, calificándola de “profundamente problemática”.
“El sector sanitario de Groenlandia ha sido históricamente objeto de interés geopolítico”, afirma en un comunicado en el que alude a la profunda sensibilidad que existe en este territorio —ahora en gran medida autónomo— que, como colonia danesa, sufrió repetidos abusos relacionados con la salud contra la población indígena groenlandesa.
“Una sociedad caracterizada por grandes distancias, una escasez crónica de profesionales sanitarios y una evolución demográfica que ejerce presión sobre el sistema nos hace vulnerables; y precisamente por eso resulta profundamente problemático que personas con la misión política de integrar a Groenlandia en Estados Unidos envíen a Nuuk a un supuesto médico voluntario para 'evaluar nuestras necesidades'”, señala la ministra.











