Pocos apostar�an por una aldea coru�esa, descansada a los pies de la r�a de Arousa, como la grieta de la que brotase una de las vetas m�s persistentes del noise y post-punk espa�ol. Error. En Abanqueiro (Boiro, A Coru�a), bajo esos cielos de chapa intermitente y una lluvia que acaba oxid�ndolo todo, Tri�ngulo de Amor Bizarro lleva dos d�cadas dedic�ndose a domesticar el ruido a su manera para no extraviarse en �l. Isa (voz y bajo), Rodrigo (voz y guitarra) y Rafa (bater�a) funcionan como una "picadora de ruido" que solo responde a su propia inercia. El nombre gui�a a New Order, pero en lo suyo no hay filiaci�n evidente ni deuda, hacen lo que quieren hasta que suene a lo que llevan dentro, hasta que apriete. Prueba reciente de ello es Mi Catedral (Sonido Muchacho, 2026), su nuevo golpe, que llega este viernes 15 de mayo. �No tengo claro si este disco va a ir bien o no, pero ya hemos hecho otros a nuestra manera y no a la de otros, partimos de un punto de que no nos va a hundir cualquier tonter�a�, desliza Isa.Encontrar el sonido de su nuevo disco les llev� entre tres y cuatro a�os y cierta necesidad de escapar de "esa tendencia tan procesada" que, poco a poco, parece haber vuelto a demasiadas bandas intercambiables entre s�. "Busc�bamos tomas muy naturales, el planteamiento era un poco ir a la contra de la tendencia actual", dice Rodrigo "tenemos discos hechos a saco como m�sica industrial, pero cuando el sonido es ya homog�neo, intentas buscar otra cosa que refresque, menos compresi�n en la bater�a, menos revebs...". La mejor cr�tica, seg�n �l, fue que sonaban "m�s j�venes porque tiene menos compresi�n la voz", pero son tan underground y punk –y emanan tanta retranca– que Isa lo desactiva: "Bueno, para ser gallegos somos j�venes". Los tres se r�en y est�n felices porque, como siempre, han hecho lo que han querido, d�nde han querido y han, como detalla Rafa, "tenido sus propios tiempos" porque no pagan por horas un estudio, lo tienen en su propia casa.La banda es una m�quina que nunca ha negociado con el contexto de alrededor. A principios de los 2000, cuando A Coru�a flotaba en una especie de resaca de britpop y los grupos parec�an buscar canciones m�s limpias, decidieron ir por otro carril, m�s torcido, m�s ruidoso, menos amable, casi fuera de plano. "Hac�amos lo que hac�amos y hab�a una reacci�n, la mayor parte de las veces no muy buena, pero eso era muy motivador", recuerda Rodrigo. "Pero hab�a un movimiento m�s all� de lo musical con gente que ten�a un sentimiento", sigue dibujando Isa, ampliando fuera de los l�mites de la ciudad herculina, "con el que tu ve�as que estabas en el mismo tono, una movida m�s de rehacer las cosas que de volver a hacer lo de siempre".La banda posa para EL MUNDO en un astillero de bateasElena IribasPor aquel entonces era posible salir adelante sin coartada ni cifras. El impulso era el mejor aprendizaje y el golpe, como recuerda Rafa, el mejor fogueo. "Aprendimos a base de darnos contra el p�blico", dice, "hac�as algo que quer�as hacer, se lo tirabas a la gente e ibas evolucionando". Ahora el tablero es otro, "completamente contrario", apunta Rodrigo. Muchas canciones nacen ya atravesadas por el algoritmo, bajo esa presi�n muda de gustar antes siquiera de saber qu� se hace, y calculadas para circular bien. "Est�n preparando n�meros y estrategias en lugar de estar cre�ndose como idea o cag�ndola 20 veces", explica Isa. De ah� que ellos sigan sonando casi como una peque�a aver�a dentro de un ecosistema cada vez m�s disciplinado. "Hay que aprender a decir ‘�No te gust�? Pues espera que le subo m�s’", insiste. Lo contrario –corregirse demasiado pronto, pedir permiso antes de tensar una idea– termina, seg�n ella, por "perder el discurso, diluirlo y la m�sica se volver� m�s inofensiva, m�s igual, y eso es peligroso".Los tres reconocen, sin necesidad de justificaci�n, que empezaron sin la ambici�n suficiente como para calcularse desde un inicio. Por eso fueron siempre libres. Tocaban como si no debiesen nada a nadie. Hay algo profundamente sartriano en esa forma de elegirse a s� mismos sin garant�as, de avanzar y de crear sin m�s aval que la intuici�n, incluso cuando no hay m�s recompensa que "el hecho en s� mismo de tocar, de pasarlo bien". Nunca parecieron confiar demasiado en las mayor�as, pero s� en esa posibilidad de que una emoci�n verdadera, por rara, �spera o desbordada que fuese, terminase encontrando a alguien al otro lado.No es s�lo su discograf�a (Tri�ngulo de Amor Bizarro, A�o Santo, Victoria M�stica, Salve Discordia, No eres t� o SED, entre otros) lo �nico contundente de lo que presumir. Tambi�n su discurso, en esas tres cabezas que lo sostienen, insiste en el anti-elitismo cultural y en la m�sica como un accidente democr�tico. "Las bandas, el rock alternativo o como quieras llamarlo, al final vienen de las clases populares, de la clase trabajadora", dice Rodrigo, "gente normal, de cualquier clase social, que con ellas ten�a la posibilidad de tener un altavoz para expresarse, para poder conectar, de repente, con otra gente que pod�a notar cierto inter�s en lo que estaban transmitiendo". Hay en esa idea una confianza discreta en lo accesible, en lo no jer�rquico, y tambi�n una cierta desconfianza hacia cualquier sofisticaci�n que olvide de d�nde viene todo eso. "Cuando el panorama est� muy turbio, es cuando debe haber una explosi�n de creatividad y de grupos comprometidos", a�ade Isa.Tri�ngulo de Amor Bizarro a los pies de la r�a de ArousaElena Iribas"Si miras la lista de los 20 artistas m�s escuchados en Spotify, muchos tienen pinta de millonario y su discurso siempre parece decir: ‘M�rame, t� nunca llegar�s a ser como yo’", critica Isa. Les incomoda la narrativa dominante del �xito convertido en discurso �nico. "Si te pones a escuchar el mensaje o el compromiso musical que pueda tener pues realmente no s� qu� cabeza va a salvar a quienes los escuchan", remata. No les interesa esa m�sica degenerada en un escaparate aspiracional que s�lo exhibe una vida inaccesible y una posici�n de superioridad. Frente a eso, sus letras deciden no repartir absoluciones f�ciles ni se�alar con el dedo; trabajan m�s bien con im�genes fragmentadas, con peque�as escenas de obediencia asumida y reparten las culpas. "Las escaleras de la corte queman tus ambiciones", cantan en una de sus nuevas canciones –Odio a Mi Generaci�n–, porque ellos deciden hacer canciones para entender un mundo sin fingir haberlo conquistado ya. "La industria fagocita cosas que tienen que triunfar de por s�", apunta Rafa. "La pregunta importante es: �por qu� haces m�sica? Si es por el �xito y la fama, est�s cayendo en la trampa y entrando en la trituradora", completa Rodrigo.De haberse marchado a Madrid, como ellos reconocen con alivio retrospectivo, hoy no ser�an los protagonistas de este reportaje, o al menos no estos. Tal vez se habr�an �perdido� entre esa cantidad casi infinita de cosas que las grandes ciudades ofrecen y terminan cobr�ndose despu�s. Podr�an haberse convertido en otro grupo distinto, m�s visible, pero tambi�n menos reconocible para s� mismos; uno cuyas canciones golpeasen mucho y erosionasen poco. No habr�an sido capaces, quiz�s, de crear esos muros de sonido que tienen algo de oleaje atl�ntico en eso de avanzar, retroceder, golpear e insistir hasta que se cuela. "Estar fuera del foco es una desventaja, pero tambi�n una ventaja que tenemos presente", asegura Isa, "por eso mantenemos la frescura y llevamos 20 a�os haciendo nuestra movida a nuestra manera".La vida sigue ocurri�ndoles entre Abanqueiro y Boiro. Porque, aunque Tri�ngulo de Amor Bizarro sea desde hace tiempo una de las bandas m�s influyentes del panorama espa�ol y acaso el origen indirecto de buena parte de las nuevas guitarras experimentales que vinieron despu�s, nunca han vivido como si estuviesen fuera de la comunidad que los rodea, ni tampoco por encima de ella. "El a�o pasado, en las fiestas de nuestro pueblo, que nunca jam�s se hab�a hecho un festival que no fuera de orquesta, tocamos nosotros, fue nuestra aportaci�n al pueblo", cuenta Rodrigo, "fuera de la cultura que est� en primera plana o en las grandes ciudades, hay todo un tejido que esta un poco separado, fuera de foco".Los tres integrantes de la banda en su estudio en Abanqueiro (Boiro)Elena IribasTodo lo suyo quieren seguir haci�ndolo aqu�. Desde ese estudio levantado dentro de casa, entre paredes de piedra insonorizadas, suelos de madera, amplificadores apilados y guitarras colgadas como herramientas de trabajo, hasta grabar sus videoclips en la comarca de Barbanza. La orilla norte de la r�a de Arousa –con sus montes h�medos y plantas aprendidas al detalle, su r�a, sus playas abiertas al oc�ano y la dureza silenciosa de la tradici�n marinera– no deja de ser su mundo terrenal y musical. "Cuando traemos aqu� a los creativos, nos dicen que son una pasada las facilidades", cuenta Isa, "toda la gente que pueda hacer algo en el pueblo, lo hace".A estas alturas resulta evidente que no se doblegan ante demasiadas cosas, s�lo acaso ante ellos mismos y los suyos. Rodrigo cuenta entre risas que sus amigos "van a bocajarro" cuando les ense�an canciones nuevas. Rafa matiza que "sirve para reafirmarte en las dudas que ya ten�as y aprendes a saber cuando algo no est� acabado". El paso del tiempo tampoco les deja a la intemperie, siempre est�n en su "mejor momento". "En ning�n disco cambiamos porque nos lo dijeran [los de la industria musical] para acercarnos a algo", asegura Rodrigo, "hicimos lo que pudimos, que es lo que nos sale". Ah� puede que resida lo verdaderamente genuino de Tri�ngulo de Amor Bizarro: haber pasado m�s de 20 a�os levantando ruido contra todo lo que empuja a suavizarse sin dejar que el tiempo, la industria o el �xito les ense�e a obedecer un dogma que, sin duda, no va con ellos.