La sociedad entre Los Estanques y El Canijo de Jerez se consolida en un disco capaz de unir a Obús con Camarón o a Extremoduro con Los Chichos. Se llama ‘Lágrimas de plomo fundido’ y lo presentan en una larga gira

Drama: no encuentran papelillos para fumar. Se palpan los dos sus chaquetas, pero nada. Buscan con los ojos algún estanco o bazar donde comprar. Ninguno de estos establecimientos a la vista. “Ey, sabía que los tenía en algún lugar”, anuncia de repente Íñigo Bregel, con la misma alegría que le produciría encontrar su tarjeta visa que creía extraviada, y saca los ansiados papelillos de un bolsillo del pantalón. El Canijo de Jerez respira aliviado. “¿Podemos posar con un porro?”, pregunt...

a al fotógrafo de EL PAÍS. Son las 18.00 y la tarde luce agradable en el centro de Madrid. Los dos músicos se desperezan después de una noche larga que no acabó hasta las cinco de la madrugada. Se han puesto unos trajes de rumberos setenteros: de corte entallado, color ocre, con cuellos exagerados. Al Canijo el pantalón le queda grande, a Bregel, que mide 1,93, pequeño. Compró los trajes por Amazon la prima del Canijo. Así de chiripitifláutico es todo con estos tipos.

Íñigo Bregel (Santander, 34 años) y El Canijo de Jerez (Jerez de la Frontera, Cádiz, 43 años) han formado una sociedad de fuste. Bregel ejerce de cabecilla del grupo Los Estanques, una formación singular que permea su música de psicodelia, pero sin notarse demasiado: no pretenden ser raros porque sí. La parte gaditana de este proyecto es bien conocida: El Canijo (Marcos del Ojo, de nacimiento) formó Los Delinqüentes (banda que vuelve después de 15 años con una gira en 2026), ha sido parte de superbandas como La Pandilla Voladora o G5 y lleva una ascendente carrera en solitario. Lo que se traen entre manos ahora se llama Lágrimas de plomo fundido, un disco con mucha chicha que firman así de directo: Los Estanques y El Canijo de Jerez.