El grupo asturiano edita su séptimo disco, donde mezcla folclore con rock para ofrecer “la tristeza bonita del norte”
Los primeros segundos de Procesión, el sencillo que estrenó el séptimo disco de Alberto & García, son una magnífica puerta de entrada al universo de la banda asturiana. Lo que parece una bandurria son, en realidad, tres guitarras ―una española y dos acústicas― intencionadamente no muy afinadas. Después entran los saxofones -barítono y alto―. También el acordeón. Y así, en solo 28 segundos, emerge una cierta melancolía festiva. Un sutil anhelo de vi...
vir permanentemente en una fiesta de prao sabiendo que no se puede vivir permanentemente en una fiesta de prao.
En el segundo 28 aparecerá la voz de Alberto García (38 años, La Felguera). “Ese desafine intencionado es una sensación transversal en muchos momentos del disco. Buscamos el sonido de banda popular que no es del todo limpio. De los músicos que llegan a una fiesta de prao y tocan con lo que tienen”, explica en conversación telefónica. “El disco se llama Barro por todo lo que abarca ese concepto. Por el momento fangoso que vivimos como humanos, porque vamos cumpliendo años y la vida se va convirtiendo en un lodazal. Pero también como lugar para el juego de nuestros perros ―los canes de los cinco miembros de la banda aparecen el portada del disco―, como materia desde la que se puede crear y, sobre todo, como una analogía con el fútbol de barro. En la música, aunque no lo parezca, hay más barro que otra cosa”, explica el líder de una banda cuyos cinco integrantes complementan la música con otros trabajos. Cartero, profesor de guitarra o pintor. “La profesionalidad va por temporadas”, dice Alberto, historiador y musicólogo que, cuando no está de gira, se dedica al diseño gráfico.






