“Estamos entrando en una nueva geopolítica alimentaria donde los precios de los alimentos están condicionados por los conflictos, las interrupciones comerciales y las luchas de poder”. La advertencia es de Jennifer Clapp, experta de la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (Ipbes), que acaba de publicar el informe The New geopolitics of food .La cesta de la compra es ahora un 35,5% más cara que en el 2019, según el índice de precios de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que es el indicador mundial de referencia para las cotizaciones de los productos alimentarios. En medio ha habido una pandemia que cerró temporalmente las fronteras entre países; Rusia ha iniciado una guerra en Ucrania que disparó los precios de la energía y los cereales; el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha desatado una guerra arancelaria global, y ahora el cierre del estrecho de Ormuz pone en jaque el suministro global de petróleo.“El mundo se ha vuelto más frágil en lo que se refiere al abastecimiento de alimentos por la mayor conflictividad geoestratégica, a la que hay que añadir los efectos del cambio climático en las cosechas”, indica Francesc Reguant, presidente de la Comisión de Economía Agroalimentaria del Col·legi d’Economistes de Catalunya. Este economista añade un tercer plato al menú: la especulación. “Cada vez que ha habido un incidente que ha afectado a la oferta de alimentos ha sido aprovechado por los mercados para especular, lo que ha disparado aún más los precios”.Ante el incremento de las amenazas globales, el documento de Ipbes subraya la necesidad de reducir la dependencia de los mercados exteriores para garantizar el abastecimiento de alimentos a unos precios más estables. “La llegada de una crisis tras otra pone de manifiesto los riesgos de externalizar la seguridad alimentaria a mercados distantes y a cadenas de suministro frágiles controladas por un puñado de países y empresas”, señala Clapp.DatoEs el grado máximo de autoproveimiento alimentario de CatalunyaPara reducir la dependencia exterior, el Ipbes hace un llamamiento a fortalecer los sistemas alimentarios locales. “Necesitamos reconstruir los sistemas alimentarios desde la base, más cerca de casa, con soberanía alimentaria: una producción local más sólida, mercados más justos, sistemas de distribución específicos y subsidios alimentarios, así como las herramientas para proteger a las personas cuando se produzcan crisis”, afirma Shalmali Guttal, también experta del Ipbes.Reguant coincide en la necesidad de reforzar la producción local de alimentos: “Debemos encontrar fórmulas que nos permitan tener una mayor capacidad productiva propia para poder defendernos ante unas situaciones que son altamente peligrosas”. El portavoz del Col·legi d’Economistes apuesta por “defender la agricultura y la ganadería, ser más eficientes en la producción de alimentos y apostar por las mejoras tecnológicas disponibles”. El economista estima que el grado de autoproveimiento alimentario de Catalunya es de entre un 40% y un 50%.Las mismas tensiones geopolíticas que afectan al comercio internacional de bienes también perjudican a los sectores agrícola y ganadero, que son altamente dependientes de los combustibles fósiles. “Los incrementos del precio del petróleo siempre van de la mano de subidas en los precios de los alimentos porque el petróleo se utiliza en la producción de fertilizantes, es el principal combustible usado por las explotaciones y aumenta los costes del transporte”, explica Reguant.
Alimentos de proximidad para un mundo en guerra
El Ipbes pide fortalecer los sistemas agrarios y ganaderos locales para garantizar unos precios más estables










