La controversia alrededor de los recientes looks de Olivia Rodrigo reabre un debate incómodo sobre sexualización, feminidad y control cultural del cuerpo femenino

La polémica es más vieja que el hilo negro. Mucho antes de que existieran TikTok, X o los argumentarios virales sobre ‘sexualización’, ya había gente escandalizándose por cómo se vestían las mujeres jóvenes. Cambian las plataformas, cambian las estrellas del pop y cambian las palabras utilizadas para condenarlas, pero el mecanismo siempre es el mismo: una cantante (llámese Madonna, Britney o Miley, lo mismo da) aparece sobre un escenario llevando algo considerado “demasiado corto”, “demasiado infantil”, “demasiado sexy” o, simplemente, “demasiado”. Entonces la conversación deja de girar en torno a su música y empieza a girar alrededor de su cuerpo. Y ahora le ha tocado a Olivia Rodrigo.

Rodrigo tiene tres Grammy, récords históricos en Billboard y una capacidad poco común para convertir la angustia adolescente en himnos generacionales. En abril, con el lanzamiento de la canción Drop Dead, se convirtió en la primera artista en debutar directamente en el número uno del Hot 100 con los singles principales de sus tres primeros discos: Sour, Guts y el próximo You Seem Pretty Sad for a Girl So in Love. Pero nada de eso pareció importar demasiado cuando apareció en Barcelona el pasado 8 de mayo para celebrar su entrada en el Billions Club de Spotify. Internet se quedó pasmado mirando otra cosa: el vestido.