La industria de la música, la moda o el cine son hoy campos de batalla donde la defensa de la igualdad y la misoginia coexisten en tensión permanente
En la última década, el feminismo se ha visto atravesado por la tensión entre el machismo y las distintas interpretaciones de lo que significa ser una mujer empoderada. Una confusión amplificada por las redes sociales y la cultura pop, que difunde referentes colectivos y contribuye a definir la sociedad contemporánea. “Estamos atrapados en un ciclo de avances y retrocesos. Aunque las mujeres han logrado conquistas reales en los últimos 25 años, también ha habido un movimiento empeñado en arrebatarl...
es otros derechos”, explica por correo electrónico Sophie Gilbert, periodista estadounidense finalista del Pulitzer y autora de Chica contra chica. Cómo la cultura pop enfrentó a una generación de mujeres contra sí mismas (Libros del K.O.), que se ha publicado esta semana.
La cultura pop de la década de 2000 socavó los avances que el feminismo había conseguido hasta entonces, según remarca por e-mail la socióloga y teórica cultural británica Angela McRobbie, profesora emérita de la Universidad de Goldsmiths en Londres. Fue la época de Christina Aguilera, de las Spice Girls, de Monica Lewinsky y de Janet Jackson, en contraposición al movimiento anterior, mucho más político, de Riot grrrl, que denunciaba la violencia y la opresión al tiempo que empoderaba a las mujeres. “A lo largo de buena parte de las primeras décadas del siglo XXI, la cultura popular transmitió de manera rotunda a las mujeres que el feminismo ya no era necesario y que sería mejor centrarnos en mejorar nosotras mismas en lugar de mejorar la sociedad”, señala Sophie Gilbert. El girl power se calificó de “misoginia edulcorada” porque hablaba de la emancipación de la mujer desde una perspectiva posfeminista, siendo una liberación basada en ideales estéticos heteronormativos y machistas, donde la mujer era infantilizada o hipersexualizada. “Por entonces se creía que las mujeres podían alcanzar logros sin desestabilizar las jerarquías masculinas, lo cual, en realidad, no es posible”, matiza McRobbie.






