El desencanto entre los jóvenes bebe de la polarización política, la creencia de que las mujeres han llegado demasiado lejos y que los avances de ellas lastran los de ellos
“Yo soy feminista, pero es verdad que la gente ahora lo entiende como algo completamente diferente; si preguntas, te dirán que no lo son”. Esto que dice Mónica Rubio, estudiante de 20 años, es una de las claves de lo que está sucediendo con la cuarta ola del feminismo: la de la última década,
"_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/sociedad/2022-10-16/cinco-anos-del-me-too-la-evolucion-mas-rapida-y-global-del-feminismo.html" data-link-track-dtm="">la que puso todos los focos sobre la violencia sexual y la desigualdad salarial, la que amplificó los gritos de hartazgo de las mujeres virtualmente y en calles de todo el mundo, y también la que se ha desdibujado entre los centennials (los jóvenes de entre 14 y 29 años).
¿Por qué? Hay motivos diversos que, según múltiples estudios, están relacionados de una u otra forma con la expansión de movimientos de ultraderecha, que han canalizado a través de redes sociales la distribución de mensajes sobre los excesos del feminismo y, de forma simultánea, hablan sobre las bondades de recuperar los roles históricos atribuidos a hombres y mujeres. También se vinculan al malestar social y económico ―en especial la vivienda―, y la idea de que la situación responde de alguna forma a los avances de ellas, que son, en última instancia, lo que subyace a todo.






