El feminismo ha logrado demasiado para permitirse acabar siendo una facción

Los jóvenes son cada vez menos feministas. En España, entre los menores de 30 años, más de la mitad de los hombres y casi cuatro de cada diez mujeres creen que el feminismo se utiliza como herramienta política de manipulación. La tendencia es global: según

r/2026-03-08/igualdad-si-feminismo-depende-por-que-los-jovenes-se-han-desencantado-con-el-movimiento.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/sociedad/dia-de-la-mujer/2026-03-08/igualdad-si-feminismo-depende-por-que-los-jovenes-se-han-desencantado-con-el-movimiento.html" data-link-track-dtm="">una encuesta de Ipsos realizada en más de 30 países, la mayoría de los centennials cree que la promoción de la igualdad entre hombres y mujeres ha ido demasiado lejos. Quizá sea la paradoja que afecta a las revoluciones eficaces: cuando sus demandas se institucionalizan, el conflicto que las impulsaba pierde fuelle. No se extinguen por fracaso, sino por victoria. Para muchos jóvenes, las batallas del feminismo pertenecen a un pasado difícil de concebir —que en España la violación dentro del matrimonio no empezara a perseguirse penalmente hasta 1989 les resulta algo tan moralmente remoto como el trabajo infantil— aunque apenas hayan pasado una o dos generaciones. Y lo mismo les pasa con sus textos clásicos. Leer a Betty Friedan defendiendo en The Feminine Mystique (1963) que el matrimonio debe ser una elección y no el destino inevitable de las mujeres, les produce una sensación de anacronismo similar a la que generan los textos abolicionistas del siglo XIX: necesarios en su momento, pero superados.