El problema no es que los jóvenes se alejen del feminismo, sino que nadie les cuenta lo que este está haciendo realmente mientras seguimos discutiendo sobre su imagen o radicalidad
Un príncipe británico ha sido detenido por primera vez desde 1647. Los archivos Epstein exponen una red global donde el abuso sexual de menores era moneda de cambio entre las élites del planeta. En Francia, 51 hombres corrientes (enfermeros, militares, funcionarios) fueron condenados por violar a una mujer drogada por su propio marido. Y ella, Gisèle Pelicot,
.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/sociedad/2024-09-04/la-decision-de-la-francesa-giselle-p-plantar-cara-a-los-51-hombres-que-la-violaron-a-instancias-de-su-marido.html" data-link-track-dtm="">renunció a su derecho al anonimato en el gesto político más radical de la década: convertir lo sufrido en privado en un hecho público que exige respuesta. Nada de esto ocurrió porque el feminismo fuera popular. Ocurrió porque es eficaz. El problema no es, como parece decir una reciente encuesta, que los jóvenes se alejen del feminismo, que algo de eso hay. Es que nadie les cuenta lo que el feminismo está haciendo realmente mientras seguimos discutiendo sobre su imagen o radicalidad.






