La detención del expríncipe Andrés se suma a las excusas de la princesa noruega Mette-Marit, que mantuvo contactos con el multimillonario pederasta, y las acusaciones de violación contra su hijo, Marius Borg

Los contactos de diversa intensidad mantenidos por varios miembros de las casas reales europeas con el multimillonario pederasta Jeffrey Epstein han sumido a las monarquías afectadas en una crisis. La postura adoptada por la reina Isabel II de Inglaterra durante sus 70 años de reinado: “Nunca te quejes, nunca des explicaciones”, ha saltado por los aires con la detención, este jueves, de su tercer hijo, el expríncipe Andrés, hermano del rey Carlos III. No solo tendrá que explicarse, sino que...

lo hará ante la policía. En Noruega, la situación es también muy tensa. La princesa Mette-Marit, esposa de Haakon, el heredero al trono, aparece un millar de veces en los archivos de Epstein, y ha pedido disculpas en dos ocasiones.

“La única manera de contener esta situación es apartar del núcleo de la institución a los miembros tocados”, asegura por conversación telefónica el historiador neerlandés Gerard Aalders, que pone como ejemplo de contención de daños la marcha del rey emérito, Juan Carlos I, a Abu Dabi. “Es una situación diferente a la de Andrés y Mette-Marit, porque con Juan Carlos se trataba del uso de fondos opacos. La única manera de sobrevivir para el rey Felipe VI era alejar a su padre”, señala.