A Xi Jinping no le ha dado tiempo ni a retirar la alfombra roja. Pocos días después de que Donald Trump finalizara su cumbre con el líder chino y volviera a Estados Unidos, ha llegado el turno de Vladímir Putin. Este martes, el mandatario ruso aterrizará en Pekín en una visita de dos días en la que se buscará "fortalecer aún más la relación global y la cooperación estratégica”, así como abordar “cuestiones internacionales y regionales de interés común" entre los dos gobiernos. Los detalles de la agenda entre Xi y Putin no se han hecho públicos pero, más allá del contenido de la visita, el momento en el que va a tener lugar no parece una casualidad. Varios medios del gigante asiático como Global Times escribían varios editoriales antes de la llegada del jefe del Kremlin sobre el importante papel de Xi. Es el único líder, apuntan, que ha conseguido sentarse con el presidente de Estados Unidos y de Rusia en menos de una semana. “Pekín se está consolidando rápidamente como el epicentro de la diplomacia global”, apunta uno de los artículos. El periódico describe la cercanía en el tiempo de los viajes de Trump y Putin como una “coincidencia” que deja en evidencia la intensidad del calendario diplomático chino y su creciente influencia en el escenario mundial. “Si bien Estados Unidos y Rusia, como grandes potencias mundiales, han estado enfrentados durante mucho tiempo por cuestiones como la crisis de Ucrania y la seguridad europea, ambos han designado a Pekín como un destino imprescindible", afirmaba Li Haidong, profesor de la Universidad de Asuntos Exteriores de China, al Global Times. Antes de que Vladímir Putin se baje del avión en Pekín, el líder chino ya se había ganado un tanto diplomático. Lo hizo en 43 horas, las que Donald Trump estuvo de visita en la capital del gigante asiático. En ese lapso de tiempo, no se anunciaron grandes acuerdos políticos o comerciales, pero tampoco hubo fricciones ni momentos tensos. Fue una visita tranquila y equilibrada, precisamente lo que buscaba Xi Jinping con un líder conocido por su volatilidad. “El objetivo principal de China es lograr la estabilidad de la relación: ‘Por favor, no nos molesten. Por favor, no nos acosen… Y busquemos algunas reglas de juego que nos permitan avanzar en relativa paz y relativa estabilidad’”, dijo Yun Sun, directora del Programa sobre China del Centro Stimson, a El primer día de la cumbre entre los dos mandatarios, Xi advirtió a su homólogo estadounidense que una mala gestión de cuestiones sensibles como Taiwán podría desembocar en una confrontación directa entre ambas potencias. Hasta ahí llegaron las advertencias, para dejar atrás los años de tensiones comerciales y competencia entre Pekín y Washington. Lo que siguió estuvo marcado por un tono de respeto y cordialidad que adentra a las dos potencias en una situación más manejable a nivel diplomático. “(La cumbre) se centró más en el simbolismo que en el contenido. Se priorizó la gestión de problemas, no la solución de los problemas existentes entre Estados Unidos y China. Mucha pompa, mucha ostentación, mucho simbolismo, pero poca sustancia o resultados concretos”, señaló Rush Doshi, director de la Iniciativa de Estrategia para China del Consejo de Relaciones Exteriores, en un análisis. Para Donald Trump, el encuentro fue un éxito. Tras abandonar Pekín, publicó en las redes sociales el análisis de un académico chino que calificaba la cumbre con un "9,99 sobre 10". También dijo que había invitado a Xi a Estados Unidos y colmó de elogios al líder chino. Para él, su amistad con él es un “honor”. Las palabras del mandatario chino fueron más moderadas con respecto a Trump y las relaciones con Washington. Un vínculo (más) especial con Putin Con Rusia, la relación es distinta. En 2022, antes de la invasión rusa a gran escala en Ucrania, los líderes proclamaron que la "amistad entre los dos estados no tiene límites". Después de la guerra, varios funcionarios chinos han intentado quitar hierro a esas palabras, aunque su relación se ha mantenido al mismo nivel a pesar de las críticas internacionales por la postura neutral de Xi ante la invasión. Los dos hombres se han reunido en más de 40 ocasiones, superando con creces los encuentros de Xi con líderes occidentales. El Kremlin ha comparado incluso su conexión especial con Xi frente a la que tiene el líder asiático con Estados Unidos. "Si los acuerdos alcanzados o por alcanzar entre Pekín y Washington redundan en beneficio de nuestros amigos chinos, no podemos sino sentirnos encantados", declaró Serguéi Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores de Rusia. “Pero Rusia está unida a China por lazos más profundos y fuertes que las alianzas políticas y militares tradicionales", añadió. Estas alianzas se convirtieron en casi indispensables en medio del aislamiento de Occidente a Moscú por la invasión. Pekín es el mayor socio comercial de Rusia, y suministra más de un tercio de sus importaciones, además de comprar más de una cuarta parte de las exportaciones rusas. La nueva reunión entre Xi Jinping y Vladímir Putin se celebra esta semana para, según fuentes oficiales, conmemorar el 25 aniversario del Tratado sino-ruso de buena vecindad y cooperación amistosa de 2001. Pero para el jefe del Kremlin los motivos van más allá de mantener la cooperación con su colega chino. Algunos analistas apuntan a que Putin ha decidido ir a Pekín justo después de Donald Trump para obtener garantías de que cualquier avance en las relaciones entre China y Estados Unidos no se produzca a expensas de Moscú. El presidente estadounidense insiste en avanzar hacia un proceso de paz en Ucrania que por ahora se mantiene estancado. Y, en medio de la nebulosa que recorre el posible final de la guerra, Putin podría pensar quién podría actuar como mediador creíble si quisiera poner fin a la guerra. No hay indicios de que Xi esté dispuesto a asumir este papel, pero sí algunas señales de que el mandatario ruso podría estar viviendo un periodo de “fatiga” de guerra. Este fin de semana, Ucrania lanzó uno de sus mayores ataques con drones de largo alcance contra la capital rusa y su cinturón industrial. Imágenes geolocalizadas mostraron incendios o columnas de humo en varios puntos, como la planta de semiconductores Angstrem y el parque tecnológico Elma, en Zelenograd, un distrito administrativo situado al norte del centro urbano; o la infraestructura petrolera de Volodarsk, al sureste de Moscú. Era uno de los temores de Putin, que “blindó” la capital para el desfile del Día de la Victoria. Por primera vez desde que se celebra el aniversario del éxito militar soviético sobre los nazis, no hubo ni un solo tanque en la Plaza Roja. Paralelamente, varios informes apuntan a que el mandatario ha implementado nuevas medidas de seguridad tanto para él como para su entorno, por temor a un golpe de Estado o a un intento de asesinato. Un informe divulgado por el medio Important Stories (iStories) describía un estado de "alerta máxima" en el Gobierno ruso desde principios de marzo de 2026. "En particular, [Putin] teme el uso de drones para un posible intento de asesinato por parte de miembros de la élite política rusa", alertaba. Además, los empleados que trabajan cerca de Putin ya no pueden usar teléfonos móviles ni transporte público y el presidente y su familia han dejado de visitar sus residencias en la región de Moscú. Es posible que Vladímir Putin necesite sentarse frente a un aliado cuya amistad parece, por ahora, inquebrantable. Xi no tiene interés en que continúe la guerra de Ucrania, pero tiene todavía menos interés en que caiga el régimen ruso. En Pekín, los líderes confirmarán que son como una pareja en la misma cama, pero con sueños diferentes. Pero, a diferencia de Donald Trump, Putin comparte al menos la misma cama que Xi Jinping.
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