La visita del presidente Donald Trump a Pekín esta semana evidenció el desgaste estratégico de Washington en Asia, incapaz de sostener el amparo a Taiwán y empujado de nuevo a mentir sobre la guerra de Irán, y reafirmó el fortalecimiento de China frente a Estados Unidos. Ahora, el inminente viaje también al gigante asiático de Vladímir Putin, líder de la otra gran superpotencia mundial, Rusia, lanza un claro desafío al hegemonismo de EEUU en Eurasia y subraya que la llegada de Trump al poder en 2025 trajo, efectivamente, un cambio de paradigma en el panorama internacional, pero en detrimento del unilateralismo estadounidense y aupando a China en el podio de la influencia global.PublicidadEl presidente chino, Xi Jinping, pudo recibir el jueves pasado a Trump con todos los oropeles que merecía la primera visita de un jefe de la Casa Blanca en casi una década. El anterior fue también Trump en 2017, durante su primer mandato, lo que indica de dónde viene el interés en estas cumbres. Y como entonces, esta vez hubo intercambio de halagos y parabienes, especialmente por parte del presidente estadounidense. Cambios sustanciales en la relación bilateral no se acordaron muchos realmente. Sí hubo también advertencias por parte de Xi sobre la línea roja que no tiene que cruzar EEUU sobre Taiwán, en directa referencia al nuevo chute de armamento por 11.000 millones de dólares para el Ejército de la isla rebelde que debe sancionar Trump para empezar su envío. Según el líder chino, la línea roja que separa la buena relación de la confrontación entre China y EEUU, es Taiwán, cuya soberanía reclama Pekín desde que la isla se separó de facto de la China continental en 1949.Después de que Trump dejara Pekín este viernes el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, fue contundente. Están muy bien las buenas intenciones manifestadas por el presidente estadounidense de que no quiere tener otra guerra. Ahora, subrayó Wang este sábado, es preciso que EEUU adopte "acciones concretas", en referencia a ese flujo de armamento, y que "no apoye ni tolere nunca" la independencia de Taiwán.El canal de análisis estadounidense Axios citó a fuentes de la Casa Blanca para señalar que el único resultado sólido del viaje de Trump a Pekín fue la "alarma" de que China atacará Taiwán antes de cinco años. Una muestra más de la citada visión militarista de EEUU sobre las relaciones con sus aliados y más aún con sus contrincantes.PublicidadIrán tiene todas las bazas de nuevos ataquesSobre Irán, Trump afirmó que las posturas de los dos países están muy cercanas. Nada más lejos de la realidad. China reclama a Irán que abra el estrecho de Ormuz y deje en paz a los países árabes del Golfo Pérsico, de los que también Pekín obtiene petróleo, pero la distancia con la estrategia de EEUU es abismal. China también reclama que EEUU levante su propio bloqueo sobre el que es un aliado clave de Pekín en Oriente Medio y que garantice que no va a atacar de nuevo a Irán.Esto no parece que vaya a ser así. Esta semana, Israel, colaborador e incitador de la guerra contra Irán, reiteró que solo espera el visto bueno de Trump para reanudar sus ataques al país persa, ahora detenidos por la endeble tregua firmada el 8 de abril. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, señaló, mientras Trump se encontraba en China y trataba de suavizar el tema iraní, que la misión de su Ejército "no ha terminado" aún. "Estamos preparados para la posibilidad de que pronto necesitemos actuar para garantizar el logro de estos objetivos", añadió ominoso.Horas después, dos funcionarios del Departamento de Estado de EEUU confirmaron al The New York Times que el Pentágono estaba ultimando la reanudación inminente de sus ataques contra Irán. El plan de combate contempla bombardeos de instalaciones militares e infraestructuras, la invasión de la isla iraní de Jarg, que centraliza la exportación de crudo del país, y el envío de comandos para apoderarse del uranio enriquecido que posee Irán. Según otras fuentes militares citadas por ese diario, esta última operación requeriría muchas fuerzas de apoyo.PublicidadUn alto funcionario israelí, citado por Channel 12, agregó al respecto que Israel se prepara para reanudar la guerra contra Irán, como había apuntado Katz, y el Gobierno de Netanyahu simplemente está esperando las indicaciones de Trump. "Nos estamos preparando para días o semanas de combates y esperamos la decisión final de Trump", apuntó el funcionario citado también por el diario israelí Times of Israel.Trump, acorralado en Irán, y Netanyahu clamando por más guerraTrump se encuentra acorralado en su estrategia con Irán, incapaz de doblegar al régimen de los ayatolás, presionado por Israel para finiquitar a la república islámica y reclamado por la comunidad internacional (también por China) para que firme una paz definitiva. Y todo parece apuntar a que el presidente estadounidense hará de nuevo caso a las presiones de su buen amigo israelí, el primer ministro Benjamín Netanyahu, quizá dejando que el peso de la reanudación de la guerra lo asuma Israel. Este domingo, Netanyahu fue tajante: "Estamos preparados para cualquier escenario". Acerca de la guerra en el Líbano, Netanyahu evidenció que la tregua vigente, que acaba de ampliarse, de facto es papel mojado: Israel está "conquistando y despejando" terreno en suelo libanés, mientras "defiende" a los pueblos israelíes próximos a la frontera con ataques a las milicias de Hezbolá, justificó el líder hebreo.Este domingo, el Ministerio de Exteriores de Irán acusó a EEUU e Israel de desatar el caos en las rutas energéticas internacionales que parten del Golfo Pérsico y de querer reanudar la guerra. "Este es su conocido y cínico manual de actuación: fabricar crisis y guerras, y luego escalar aún más bajo la noble bandera de restaurar la estabilidad y defender la paz", condenó en X el portavoz del Ministerio iraní de Exteriores, Ismail Bagaei. "Crean desolación y lo llaman paz", añadió Bagaei, citando al historiador romano Tácito.Irán, arriba de la agenda sino-rusaEn esta parte de la ecuación aparece Rusia. Putin y Xi Jinping abordarán la crisis energética y de seguridad que ha provocado Trump en la visita que el presidente ruso hará a China los próximos 19 y 20 de mayo. También estará arriba en la agenda entre Xi y Putin la guerra de Ucrania, convertida en un pantano sin salida para rusos, ucranianos, europeos y también para los estadounidenses, que, si bien oficialmente no entregan ya armas a Kiev, sí que las venden a sus aliados de la OTAN que suministran ese armamento a los ucranianos. Y el Pentágono sigue entregando inteligencia militar a Ucrania, de la misma forma que ahora lo hacen también los rusos a los iraníes.En esta macabra maraña bélica, Xi Jinping quiere mostrarse como el único gobernante sensato, aunque las razones de China no sean eminentemente humanitarias. Ambas guerras, en Irán y Ucrania, son sendos hándicaps para el expansionismo comercial e industrial de China en un momento delicado para su economía, de ahí la celeridad para recomponer el caos causado por otros.Tal y como explicó el diario South China Morning Post, esta será la primera vez que China reciba en un mismo mes, y no como parte de una cumbre multilateral, a los líderes de las dos superpotencias. Se trataría de una muestra de esa estrategia de Pekín para "posicionarse como un actor clave en un orden mundial cada vez más fragmentado", según agregó la agencia EFE.PublicidadLa preocupación de China y Rusia por el rumbo que está tomando la crisis de Irán es evidente y amerita precisamente este encuentro. Si la guerra de Ucrania ha quedado convertida en un sangriento conflicto postsoviético, con un frente bélico estancado y sin visos de evolución a corto plazo dada la incapacidad de los contendientes para imponerse, la crisis iraní se expande cada vez más, implicando ya a casi todos los países del Golfo y a otros miembros de la comunidad internacional. Reforzar la alianza estratégica entre Pekín y MoscúLa visita de Putin a Pekín tiene, además, facetas ausentes en el viaje de Trump de estos días atrás. Coincide con el 25 aniversario del tratado de buena vecindad, amistad y cooperación sino-ruso firmado en 2001 y renovado en 2021. En 2026 también se cumplen treinta años desde el establecimiento de la asociación estratégica entre Moscú y Pekín. Se desconoce el carácter de los documentos bilaterales que firmarán Putin y Xi, pero es evidente que esta cumbre estará desprovista de las aristas que ha tenido la celebrada por el líder chino y Trump, aunque solo sea por la cuestión taiwanesa.El Kremlin ya ha adelantado, con un tono de misterio, que ambos presidentes firmarán una declaración conjunta "al más alto nivel" y no parece que el espíritu de ese documento vaya a ser esencialmente monetario, a pesar del peso que la economía tiene en la relación bilateral. PublicidadLos intercambios económicos entre los dos países se dispararon en los últimos cuatro años, desde que la invasión de Ucrania desencadenara una ofensiva occidental de sanciones a Moscú. Esta presión llevó al Kremlin a ofrecer el crudo y gas rusos a China al mejor de los precios, situación que ahora, en medio de la guerra contra Irán, con la reducción del volumen crudo que llegaba del Golfo Pérsico a las empresas chinas, ha ayudado a Pekín a esquivar el impacto de la crisis con mejores medios que algunos de sus vecinos asiáticos, como Corea del Sur o Japón.En este periodo de cuatro años, por ejemplo, el número de empresas con participación china en Rusia se multiplicó por diez, de 1.434 a 14.798, esto es, el 22,3% de todas las compañías con participación extranjera. Es decir, el asedio de Europa y EEUU, durante la Administración Joe Biden, sobre Rusia por la guerra de Ucrania simplemente arrojó a Moscú en los brazos de Pekín. Una circunstancia que ha reforzado la estrategia multilateral de Xi Jinping. Que más del 95% de las transacciones económicas entre ambos países (más de 200.000 millones de euros anuales) sean en rublos y yuanes dice mucho del horizonte que buscan, mientras refuerzan su blindaje ante sanciones financieras occidentales.Pero no es la economía el elemento que consolida la alianza entre China y Rusia, y menos aún el que hace sonar las alarmas en la Casa Blanca. En febrero de 2022, unos días antes de la invasión rusa de Ucrania, Xi y Putin subrayaron en Pekín la "amistad sin límites" de sus dos países y esa "amistad" se ha blindado en estos años. Trump sabe perfectamente que los halagos que se prodigó con Xi en Pekín solo maquillan una relación entre EEUU y China marcada por la rivalidad comercial y militar, y con Taiwán como obstáculo casi insalvable. Rusia y China, aún con sus tiras y aflojas, están más cerca que nunca de forjar una auténtica alianza militar que vaya más allá de las palabras y los documentos, en unos momentos difíciles para la cohesión de seguridad occidental, tras los innumerables embates de Trump a sus aliados europeos de la OTAN y su menoscabo a la solidez geopolítica de esta asociación.PublicidadTal y como enfatizó el diario oficialista chino South China Morning Post, las dos visitas, la de Putin y la de Trump, serán "bastante" diferentes: "Mientras que el viaje de Trump estuvo repleto de pompa ceremonial, se espera que la visita de Putin se centre en alinear las posiciones de ambos países sobre los acontecimientos geopolíticos" que ahora acucian a Pekín y Moscú, y al resto del mundo.
La inminente visita de Putin a China tras el viaje de Trump apuntala el éxito de la estrategia globalizadora de Xi Jinping
El viaje del líder ruso a Pekín en los próximos días lanza un mensaje a Trump: China apuesta por un globalismo negociador y desecha el hegemonismo bélico de EEUU....










