"El 14 de junio de 1946, Dios miró hacia abajo, a su paraíso planeado, y dijo: 'Necesito un cuidador'. Así que Dios nos dio a Trump", decía el narrador de un anuncio de campaña del presidente republicano, proyectado en sus mítines de 2024 y compartido en su cuenta de Truth Social. "Dios dijo: 'Necesito a alguien dispuesto a levantarse antes del amanecer, arreglar este país, trabajar todo el día, combatir a los marxistas, cenar y luego ir al Despacho Oval y quedarse hasta pasada la medianoche en una reunión de jefes de Estado. Así que Dios creó a Trump". Un hombre, según la voz, "que cuide del rebaño (...). Un pastor para la Humanidad".

Las palabras, las imágenes y los rituales están ahí para quien quiera verlos. Los retratos de Trump vestido de Papa o curando a un enfermo con la luz de sus manos; las bendiciones públicas; las declaraciones de pastores evangélicos refiriéndose al presidente como un "profeta", un "enviado de Dios", el "nuevo Ciro"; la narrativa de que Dios salvó a Trump de las balas para que este salvara a la nación, o, recientemente, la ceremonia para honrar una estatua dorada de 6,7 metros de Trump, oficiada por el predicador Mark Burns en el Club de Golf Doral de Florida.