La excesiva atención del presidente de EE UU a los asuntos de la política internacional y su relación con el millonario pederasta provocan la sublevación de su base de fieles

No está del todo claro si en un homenaje al mito de Frankenstein, resucitado estos días por enésima vez por el cine, Donald Trump advirtió este lunes en una entrevista a Laura Ingraham, presentadora de Fox News: “No lo olvides, MAGA fue una idea mía. Sé mejor que nadie lo que quieren los MAGA”....

Y eso es cierto en parte: hace una década, el presidente de Estados Unidos tomó prestado el eslogan de Ronald Reagan que pide devolver la grandeza al país para convertirlo en ese movimiento sin precedentes que responde a las siglas de Make America Great Again, un moderno Prometeo político hecho de jirones nacionalistas, populistas, conspiranoicos y xenófobos. Pero, tal vez por primera vez desde entonces, no está ya claro que el doctor Trump/Frankenstein sea capaz de controlar a su criatura.

Ingraham le había preguntado por su apoyo a la admisión de cientos de miles de estudiantes chinos, y si este puede considerarse una “postura pro MAGA” o una traición a su promesa de endurecer las políticas migratorias. “Quiero poder llevarme bien con el mundo”, respondió el presidente. Y se justificó diciendo que en Estados Unidos no hay suficiente “gente con talento”.