Hace casi tres semanas que el fantasma de Jeffrey Epstein persigue a Donald Trump como una aparición que no piensa dejarle en paz y que ahora ha abierto una grieta entre los republicanos en el Congreso. El escándalo por la decisión de su Administración de no difundir los materiales relativos al caso del financiero pedófilo, que murió en 2019 en una celda de Nueva York mientras estaba en custodia policial y esperaba que lo juzgaran por un delito de tráfico sexual de menores, hizo temblar primero al movimiento MAGA (Make America Great Again, Hagamos a Estados Unidos grande otra vez), algunos de cuyos más conspicuos conspiranoicos criticaron por primera vez a su líder; se concentró después en resucitar la relación entre Epstein y el presidente estadounidense, lo que provocó que este se lanzara a toda clase de maniobras de distracción; y, en su penúltima reencarnación, ha apuntado sus focos hacia Ghislaine Maxwell.
El vicefiscal general, Todd Blanche, tenía previsto este jueves reunirse con Maxwell. Fue novia de Epstein, y después, su mejor amiga. Lo ayudaba, según quedó probado en el juicio en 2021 en el que le cayeron 20 años de prisión, que cumple en una cárcel federal de Florida, por un delito de tráfico sexual de una menor, otro por transportar a una menor para que participara en una actividad sexual criminal y tres cargos por conspiración. Cumple su condena en una penitenciaría de la capital del Estado, Tallahassee, donde Blanche, que fue abogado de Trump en el caso Stormy Daniels, se vio con ella.









