Una ciudad, una maratón. Es una exageración, aunque tampoco se va mucho de la realidad. Solo en 2026, en España están programadas 26 maratones oficiales. Un dato que da buena muestra de la alta demanda por una distancia que, sobre el papel, debería estar reservada solo a los corredores más expertos. Sin embargo, son muchas las personas que se atan las zapatillas con un objetivo concreto: recorrer los 42,195 kilómetros que inmortalizó Filípides en la Antigua Grecia.PublicidadLos datos ratifican esta percepción. Según un informe difundido por Strava, la popular aplicación para registrar entrenamientos y marcas, la participación en maratones ha aumentado en España en un 8% desde 2020. Aunque, sin duda alguna, lo que ha encendido todas las alarmas fueron las 244 intervenciones que los servicios médicos tuvieron que realizar durante la 48ª edición del maratón Zurich Rock 'n' Roll Running Series Madrid. Varias fueron graves, pues 24 requirieron de traslado hospitalario, uno de los cuales fue calificado como grave. Pero, ¿por qué sucede esto? El fenómeno de salir a correr está fuertemente documentado: se trata de un deporte relativamente barato y accesible, que tiene grandes beneficios físicos y mentales para sus practicantes. Además, su naturaleza de actividad al aire libre hizo que se viese potenciado tras los confinamientos de la pandemia, pues muchas personas salieron de sus casas ansiosas por moverse con libertad. Sin embargo, tiene una cara oscura que merece ser valorada.Los beneficios del running en la salud mentalUna revisión académica liderada por investigadores de la Universidad de Edimburgo, basada en 116 estudios científicos diferentes, concluyó que existe una relación consistente entre el running y la salud mental. En conjunto, la literatura científica asocia el hecho de salir a correr con un mejor estado de ánimo y bienestar, así como con la reducción de síntomas de depresión, ansiedad y estrés. No obstante, los propios autores señalan que se necesitan estudios de mayor calidad metodológica y con muestras más diversas, por ejemplo para determinar con precisión qué tipo de beneficios se vinculan a cada modalidad específica de running, como las sesiones de velocidad o de resistencia.Dentro de estas últimas se encuentra la ansiada maratón. Para muchos, el objetivo definitivo. La progresión suele ser la siguiente: salir a correr sin un objetivo concreto, apuntarse a una 5K, preparar una media distancia, ya sea una 10K o una media maratón y, finalmente, el gran Juggernaut. Pero, ¿por qué? Y, sobre todo, ¿es un objetivo realista?PublicidadLa presión social por correr una maratónCorrer en 2026 no es solo atarse las zapatillas y devorar kilómetros. Actualmente el running está íntimamente ligado con las nuevas tecnologías; y más concretamente con Strava o aplicaciones análogas. Nacida como una herramienta para registrar entrenamientos, su aspecto como red social ha ganado protagonismo. En ella se pueden compartir marcas y recorridos, con los que otros usuarios pueden interactuar en forma de kudos. Es, en cierto modo, una forma de validación social. También de comparación. Algo que sirve de motivación, desde luego, pero que puede tener un lado oscuro en forma de planificación de objetivos irreales.La psicología lleva años advirtiendo de que las redes sociales facilitan la comparación constante con los demás y pueden distorsionar lo que percibimos como normal. Cuando tu feed está lleno de dorsales, tiradas largas y medallas, terminar una maratón deja de parecer una hazaña excepcional y empieza a verse como un simple trámite. En ese contexto, la maratón se convierte en el gran objetivo a conquistar: no solo una carrera, sino una especie de prueba de pertenencia a la tribu de los runners.Esta narrativa se amplía en otros ámbitos digitales como Instagram. No solo por los influencers de running, los cuales se muestran con asiduidad una vez el algoritmo identifica tu interés por salir a correr, sino también al ver fotos de amigos y conocidos con la medalla de finisher. En resumidas cuentas, el salir a correr y coleccionar hitos pasa de ser un pasatiempo a parte de la identidad social de una persona. Lo que genera una expectativas, sobre todo internas, que pueden llevar a intentar conquistar la maratón, incluso cuando no se tiene la preparación física y mental para ello.PublicidadLos peligros de obsesionarse con los 42 kilómetrosEsta presión social por conseguir los 42,195 km posee varios peligros físicos y psicológicos. Por ejemplo, así lo advierte el fisio Paul Target en un artículo publicado en Marathons.com: “El lado negativo aparece en quienes realmente se pasan de la raya con tal de ser elogiados por los demás. Strava se convierte entonces en un gran catalizador del sobreentrenamiento y de los riesgos de lesión asociados. También afecta a la relación del atleta con el deporte, a su bienestar mental, y esto es importante. No trato este tema lo suficiente con mis pacientes, pero debería, porque para algunos Strava es una adicción”. Su diagnóstico encaja con lo que describen cada vez más psicólogos del deporte: cuando la validación externa pesa más que las sensaciones internas, el cuerpo pasa a segundo plano.Un estudio publicado en el portal de psicología deportiva Performance in mind, en el que participaron 255 deportistas, relaciona el uso de redes sociales como Strava con un mayor riesgo de desarrollar adicción al ejercicio y desviarse de sus objetivos reales. Es decir, el motivo por el que se empezó a correr, ya fuese despejar la mente, perder peso o, simplemente, moverse, se sustituye por la necesidad de conseguir kilómetros publicables y canjearlos por crédito social en forma de kudos. Lo que puede llevar a lesiones por sobreentrenamiento, también a problemas como la frustración si no se consigue permanecer a la altura de las expectativas autoimpuestas, las cuales pueden no ser realistas.