A una hora de la capital aragonesa, se esconde un pueblo de Zaragoza poco habitual en las rutas más populares, pero con uno de los grandes tesoros de la arquitectura mudéjar. Su principal atractivo es una iglesia del siglo XIV de estilo mudéjar aragonés, reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, un templo de aspecto defensivo que sorprende por su belleza, su historia y la riqueza decorativa que conserva tanto en el exterior como en el interior. El destino es Tobed, una pequeña localidad situada en la ribera del río Grío y rodeada por un entorno de huertas, frutales, almendros y olivos. Aunque apenas aparece en las listas más repetidas de escapadas rurales, este municipio zaragozano conserva una identidad muy marcada gracias a la iglesia de Santa María de Tobed, considerada una de las más bellas de Aragón. Construida en ladrillo entre los siglos XIV y XV, forma parte desde 2001 del conjunto monumental mudéjar aragonés reconocido como Patrimonio Mundial. Su origen está vinculado a la Orden del Santo Sepulcro, que impulsó una construcción concebida como iglesia-fortaleza, un rasgo visible en su volumen compacto, sus torres-contrafuerte y su poderosa fachada. La iglesia de Santa María de Tobed y el patrimonio que rodea la villa La importancia de este templo reside en la unión entre arquitectura militar, arte religioso y decoración mudéjar. En su fachada destacan los paños de entrelazo, los arcos mixtilíneos, las esquinillas y la cerámica dispuesta en bandas ornamentales. En el interior, la visita permite apreciar agramilados policromados en blanco, negro y rojo, celosías de yeso, artesonados y un alfarje de madera en el sotocoro con las armas del Papa Luna. También sobresale la capilla de la Virgen, revestida con azulejos de Muel del siglo XVI en tonos azules, verdes y amarillos. Además, la tradición local vincula el altar mayor con un icono de la Virgen con el Niño donado al templo por Martín I el Humano en torno al año 1400. Sin embargo, Tobed no se limita a su iglesia mudéjar. La fisonomía de la villa se completa con el palacio de los Canónigos, la iglesia de San Pedro, la Lonja, la torre del castillo islámico y la ermita de San Valentín, situada en la cresta de la sierra de Algairén. La localidad también ha reforzado su relación con el mudéjar mediante espacios como el Espacio Mudéjar Mahoma Calahorri y el Museo Parroquial, dedicados a la difusión de su patrimonio. A todo ello se suma un entorno propicio para el senderismo entre las sierras de Vicor y Algairén, lo que convierte esta escapada en una propuesta ideal para quienes buscan historia, paisaje y arquitectura monumental en un rincón tranquilo de Zaragoza. A una hora de la capital aragonesa, se esconde un pueblo de Zaragoza poco habitual en las rutas más populares, pero con uno de los grandes tesoros de la arquitectura mudéjar. Su principal atractivo es una iglesia del siglo XIV de estilo mudéjar aragonés, reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, un templo de aspecto defensivo que sorprende por su belleza, su historia y la riqueza decorativa que conserva tanto en el exterior como en el interior.