Un fin de semana por la bella desconocida para conocer su impresionante patrimonio monumental, sus parques y los mejores lugares para comer
Le llaman la bella desconocida y tiene fama de ser una de las capitales españolas menos visitadas. Por extraño que parezca, en plena era de la turismofobia, de la masificación y de la lucha de muchas ciudades por frenar el crecimiento turístico, existe una urbe...
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tranquila, apacible y peatonal en la que se puede hacer todo a pie, perfecta para un fin de semana, con un impresionante patrimonio monumental. Es Palencia, con “P”. Una ciudad donde a todas horas se escucha el tañir de las campanas, huele a café (alberga dos de las cinco fábricas de este producto que existen en Europa) y donde las pastelerías parecen tiendas de Apple, tan elegantes y minimalistas.
Palencia es, sobre todo, la ciudad de las iglesias góticas, cada una con su particularidad. La de San Miguel tiene la torre más curiosa que he visto en mi vida: 70 metros de altura, prácticamente hueca en su interior, con enormes ventanas de arcos ojivales y más aspecto de fortaleza que de campanario. La de San Pablo alberga en la capilla Mayor una soberbia cúpula octogonal sobre trompas decoradas, que en realidad se hizo como mausoleo renacentista de los primeros marqueses de Poza, Juan de Rojas y María Sarmiento. La de San Francisco, junto a la plaza Mayor, es una joya tardogótica que fue sede de concilios y de reuniones de las Cortes de Castilla, aunque por desgracia solo se puede visitar los domingos, durante el horario de culto.






