Un día bien aprovechado en esta ciudad de la provincia de Guadalajara da para visitar su fortaleza, probar su chocolate artesano y sus dulces patas de vaca y descubrir cerca una laguna legendaria, una casa gaudiniana y un escenario de ‘Juego de tronos’

Molina de Aragón tiene un nombre que se presta a confusión. En 1788, el científico alemán Abraham Gottlob Werner llamó aragonito a un mineral descubierto aquí pensando que procedía de Aragón, cuando debería haberlo bautizado castellanito, porque esto era entonces Castilla la Nueva, y hoy es Castilla-La Mancha, concretamente la provincia de Guadalajara. ...

El viajero que se acerca a Molina de Aragón desde la capital alcarreña por la autovía A-2 y luego por la carretera N-211, como le indica el navegador, tampoco acaba de tener claro dónde se encuentra, porque tres minutos antes de llegar a su destino descubre a la izquierda una fantasiosa casa modernista como las que diseñaba Antoni Gaudí. ¿Habrá entrado en trance conduciendo con las primeras luces del día por el alto y solitario páramo molinés y vuelto en sí, no ya en el vecino Aragón, sino en Cataluña?

Pero no, el navegador no deja lugar a dudas: el viajero está en Rillo de Gallo, a unos cinco kilómetros de Molina de Aragón. Y en Rillo de Gallo está El Capricho Rillano (1), un antojo arquitectónico cuyo nombre sugiere que lo hizo Gaudí, como El Capricho de Comillas, en Cantabria. “Ya le hubiera gustado a Gaudí hacer esta casa”, comenta Juan Antonio Martínez Moreno, su creador y propietario. “Eso supondría que no habría muerto hace 100 años, sino vivido hasta hace siete, cuando yo la acabé”, bromea. Otros siete años, de 2012 a 2019, le llevó a este constructor de Guadalajara —nacido en Prados Redondos y vinculado a Rillo de Gallo por su mujer— homenajear al arquitecto usando piedras rugosas, forja artística, colorido trencadís y un montón de formas orgánicas: ranas, ojos, esfinges, girasoles, una mano gigante y una sierpe también enorme, como la culebra que la leyenda dice que vivía en la cercana dehesa de Villacabras. Curiosa manera de celebrar el Año Gaudí 2026: admirando una casa gaudiniana en un pueblecito de Guadalajara, a 500 kilómetros de la obra más cercana del genio catalán.