Una ofensiva coordinada entre los separatistas tuareg del norte del país y los yihadistas de la rama local de Al Qaeda sacudió recientemente Mali. El ministro de Defensa fue asesinado y expulsaron a las fuerzas gubernamentales del extremo norte del país. Una nueva crisis que pone en entredicho el papel de Rusia como pacificadora del Sahel y valedora militar de la junta militar maliense. Pero, sobre todo, que plantea la gran incógnita de si los islamistas en Mali han asumido el camino sirio del pragmatismo o es solo una estrategia temporal para acelerar la caída de la junta militar. En la madrugada del 25 de abril, un vehículo cargado con explosivos detonó frente al domicilio del general Sadio Camara, ministro de Defensa de Mali. Un segundo ataque tuvo como objetivo al director general de la Agencia Nacional de Seguridad del Estado, el servicio de inteligencia, Modibo Koné. El ataque de descabezamiento contra ambas figuras de la junta que gobierna Mali desde mayo de 2021 logró causar confusión y desconcierto. La muerte de Sadio Camara fue reconocida públicamente por las autoridades al día siguiente y el líder del país, Assimi Goïta, estuvo varios días en paradero desconocido entre fuertes rumores de su sustitución al frente de la junta militar. Aquellos dos ataques fueron la preparación de lo que se ha convertido en la mayor ofensiva de fuerzas insurgentes en Mali desde 2012. La gran novedad esta vez ha sido la inusual alianza entre los tuaregs separatistas del Frente de Liberación de Azawad con los salafistas-yihadistas del Frente de Apoyo al Islam y los Musulmanes, la rama local de Al Qaeda conocida por sus siglas en árabe como JNIM. Existía el precedente de las emboscadas que ambas fuerzas lanzaron contra un convoy militar en el norte del país en julio de 2024; pero después de aquel episodio, tuaregs y yihadistas ofrecieron versiones diferentes de lo sucedido quitando importancia a la participación del otro bando en lo que fue la primera gran debacle de las fuerzas rusas en el país. En esta ocasión, ambas organizaciones reconocieron abiertamente en sendos comunicados actuar coordinadamente el 25 de abril. JNIM concentró sus ataques en el aeropuerto de Bamako y en Kati, una localidad al norte de la capital del país donde se ubican varias unidades militares y residen los líderes del país. Allí se ubicaba la vivienda del ministro de Defensa. JNIM atacó también las localidades de Mopti y Gao, dos ciudades en la curva que describe el río Níger en el centro del país. En ninguno de los casos los ataques del JNIM lograron consolidar conquistas territoriales pero han agravado los problemas de comunicación y abastecimiento de las principales ciudades del país. Hay viajeros que no pueden volver a su lugar de origen, varados en ciudades como Bamako y Gao. Un habitante de esta última se quejaba en redes sociales del enorme encarecimiento de la comida y su preocupación por el riesgo de hambre. El 28 de abril, un portavoz del JNIM anunció un bloqueo total de Bamako. La ciudad sufre desde septiembre de 2025 los efectos de la estrategia de ahogamiento económico de la organización yihadista, que ataca los convoyes de camiones cisterna y otros suministros. Espantada rusa Los ataques de los separatistas tuareg del Frente de Liberación de Azawad se concentraron en Kidal, la capital de la desértica región del mismo norte. El día 25, los combatientes del FLA tomaron la ciudad mientras los militares del ejército maliense y sus aliados rusos se atrincheraron en una antigua base de cascos azules al sur de la ciudad. Aislados en el lejano norte de Mali, y sin perspectiva de que el ejército maliense tuviera fuerzas para recuperar el terreno perdido, los militares rusos negociaron rendir la base a cambio de que se les permitiera marcharse en paz. La definitiva caída de Kidal al día siguiente generó un efecto cascada en la región, cuando se sucedieron los mensajes triunfantes por parte de militantes del FLA y activistas tuareg de la toma de otras ciudades y bases en el norte del país (algunos casos todavía sin confirmar). Sí hubo constancia de la salida de un convoy ruso de Kidal que incluyó material pesado, como lanzacohetes y piezas de artillería. Sin embargo, un puesto de control de drones turco Bayraktar TB2 y un helicóptero de ataque de origen ruso Mil Mi-24P quedaron abandonados en la base militar de Kidal. Las fuerzas rusas también evacuaron la base militar de la ciudad de Tessit, en la región de Gao, siendo escoltadas a la salida por las fuerzas del FLA. Más al norte, en la localidad de Tessalit, muy cercana a la frontera con Argelia, se repitió el caso de Kidal y las fuerzas rusas se atrincheraron en una antigua base militar de los cascos azules mientras los militantes del FLA tomaban el centro de la ciudad. El impacto de los vídeos que mostraron a los convoyes militares rusos abandonando las bases de Kidal y Tessit bajo escolta del FLA tuvo tal impacto que la salida de Tessalit se hizo bajo acuerdo de que no hubiera grabaciones. Tras el impulso inicial, la ofensiva en el norte parece haber entrado en una pausa operacional. El coronel del ejército maliense que ejerce de jefe de la región militar de Kidal visitó las tropas en la ciudad de Anefif, donde anunció una reorganización de las fuerzas gubernamentales en el norte del país. El FLA, por su parte, no ha lanzado más acciones ofensivas y se ha preocupado por mostrar en redes sociales los pagos de reparaciones a víctimas civiles en Kidal, la desactivación de trampas explosivas dejadas atrás por los rusos y el reclutamiento de desertores y nuevos voluntarios. Los objetivos del FLA anunciados por un portavoz de la organización son la toma de las ciudades de Tombuctú, Gao y Menaka. Así que es de esperar más ataques en el norte del país y en la región de la curva del río Níger. Ninguno de los dos bandos, el gobierno y la alianza FLA-JNIM, parece ahora mismo tener fuerza suficiente para imponerse de forma decisiva por la fuerza al otro. La estrategia del grupo yihadista de estrangular Bamako es un pulso en el largo plazo a la junta militar, en el que el control de las rutas hasta la frontera con Costa de Marfil ha sido clave para que la vida siga fluyendo en la capital. Los separatistas tuareg, por su parte, parecen no tener fuerzas suficientes por sí mismos para doblegar a la junta militar más allá del norte profundo del país, teniendo que recurrir a un acuerdo de conveniencia con un grupo salafista-yihadista para poder lanzar una ofensiva que impactara todo el país. El factor sirio Tanto los yihadistas y los separatistas tuareg han tenido que realizar auténticos malabarismos verbales para justificar su inusual alianza. Para el FLA existe un peligroso precedente de lograr desalojar en 2012 a las fuerzas gubernamentales del norte del país, solo para ver cómo las fuerzas yihadistas les arrebataron el terreno conquistado y propiciaron una intervención militar francesa. Pero también existe otro referente, más cercano en el tiempo. Un portavoz del FLA declaró al canal de televisión Al Hadath que la "experiencia siria es una fuente de inspiración para nosotros" y que esperaba que la percepción de la comunidad internacional sobre el JNIM cambie "tal como lo hizo con el presidente sirio Ahmed Al-Sharaa". Al norte de Mali se le abren dos caminos si triunfa la alianza FLA-JNIM. Uno podría ser la vía siria, en la que las fuerzas salafistas-yihadistas asumieran la necesidad de abandonar los postulados más radicales para lograr mayor legitimidad popular y reconocimiento internacional. Pero como en el caso de Siria, queda pendiente comprobar si se trata de una evolución natural dentro del salafismo-yihadista o solo una treta temporal. Mientras que el otro escenario es que, una vez los yihadistas tomen el poder con la ayuda de los separatistas tuareg, el JNIM se despoje de cualquier pretensión de moderación y convierta Mali en un bastión de islamismo radical en el corazón del Sahel con consecuencias insospechadas para Europa. En cualquier caso, la nueva crisis de Mali es un recordatorio (otro más) de cómo la inestabilidad en esta región africana seguirá generando ondas de choque en forma de desafíos para la seguridad de España mientras sigue abierto un conflicto sin solución a la vista. La estrategia de los militares malienses de tomar el poder para aplicar políticas de mano dura, rechazar la ayuda militar europea y abrir la puerta a las fuerzas rusas con sus métodos brutales ha mostrado nuevamente sus limitaciones. Europa debería buscar la manera de contribuir a solucionar los problemas de Mali antes de que se conviertan en los problemas de España. Una ofensiva coordinada entre los separatistas tuareg del norte del país y los yihadistas de la rama local de Al Qaeda sacudió recientemente Mali. El ministro de Defensa fue asesinado y expulsaron a las fuerzas gubernamentales del extremo norte del país. Una nueva crisis que pone en entredicho el papel de Rusia como pacificadora del Sahel y valedora militar de la junta militar maliense. Pero, sobre todo, que plantea la gran incógnita de si los islamistas en Mali han asumido el camino sirio del pragmatismo o es solo una estrategia temporal para acelerar la caída de la junta militar.
¿Te habías olvidado de Al Quaeda? Pues no deberías: la granada islamista que Europa ha dejado sin espoleta en el Sahel
Alianza inédita entre tuareg y JNIM provoca asesinatos, bloqueos y retirada rusa, reabre dudas sobre influencia de Moscú y anticipa más combates. Europa debería actuar antes de que los problemas de Mali se conviertan en los de España









