Las milicias tuareg estrechan el cerco a la estratégica Kidal, con una fuerte presencia de mercenarios rusos en el bando del ejército maliense
Las consecuencias de la ofensiva insurgente que este sábado sacudió Malí siguen conociéndose con cuentagotas, pero de manera constante. Este domingo se ha confirmado la muerte del ministro de Defensa, Sadio Camara, en el ataque a su residencia de Kati, cerca de Bamako. La información, adelantada por medios internacionales, también ha sido contrastada por este periódico y figura en un comunicado emitido, presuntamente, por el Gobierno del general Assimi Goïta, en el poder desde que dio un golpe de Estado en 2021.
Un día después de la ofensiva coordinada lanzada por los rebeldes tuareg y grupos yihadistas en varios puntos de Malí, entre ellos la capital, Bamako, los combates continúan en Kidal, enclave estratégico en el centro del país y bastión de los tuareg implicados en la ofensiva. El ejército maliense asegura controlar gran parte de la ciudad, que posee una fuerte carga simbólica en el conflicto del norte porque encarna la disputa histórica entre el Estado maliense y los grupos del norte. Aunque ha estado bajo el control relativo de la junta desde que la tomaron hace tres años con ayuda de los mercenarios rusos del Grupo Wagner, su dominio nunca ha estado plenamente consolidado.












