El líder del brazo local de Al Qaeda es el arquitecto de la alianza estratégica entre rebeldes tuaregs e islamistas radicales que amenaza a la junta militar

Malí se encuentra bajo el asedio de dos movimientos insurreccionales, la rebelión tuareg y la insurgencia yihadista, que han unido sus fuerzas con el objetivo de derrocar al Gobierno. Tras la ofensiva conjunta del pasado fin de semana, que costó la vida al número dos de la junta militar y ministro de Defensa, Sadio Camara, los yihadistas han impuesto un bloqueo a la capital, Bamako, tratando de impedir la entrada de mercancías y personas por las principales carreteras. En el norte, Kidal, ciudad en permanente disputa, ha caído en manos de los rebeldes. El arquitecto de esta alianza no es otro que Iyad Ag Ghali, el líder del Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM, por sus siglas en árabe), que ha extendido por todo el Sahel central la amenaza yihadista y cuya vida daría para escribir una novela.

Ha sido combatiente en Líbano y Chad a las órdenes de Muamar el Gadafi, rebelde tuareg, letrista y percusionista de la banda musical Tinariwen, asesor del presidente de Malí, negociador en la liberación de rehenes, diplomático y, tras su radicalización a manos de un grupo de predicadores paquistaníes, líder yihadista. Con una particular mezcla de violencia y negociación, Iyad Ag Ghali no es un terrorista cualquiera. Lidera una poderosa organización armada capaz de poner contra las cuerdas a ejércitos, gobiernos y mercenarios rusos, pero, al mismo tiempo, conoce bien los vericuetos de la política y maneja como nadie los resortes tribales y comunitarios, claves en la historia y los equilibrios internos de su país.