Cotizar 15 años no siempre garantiza el acceso a la pensión contributiva de jubilación. La llamada doctrina del paréntesis puede ser decisiva cuando una persona deja de trabajar antes de jubilarse, pero no todos los casos quedan protegidos por esta interpretación jurídica. El asunto ha vuelto a cobrar relevancia tras el caso de Jerónimo, un trabajador de 77 años que solicitó la jubilación en septiembre de 2022 y no consiguió que se le reconociera la prestación, pese a haber acumulado casi 30 años de cotizaciones a la Seguridad Social. La última cotización real del afectado constaba el 1 de agosto de 2004. Después, no registró aportaciones en el periodo clave comprendido entre 2007 y 2022, lo que llevó al Instituto Nacional de la Seguridad Social a denegarle la pensión contributiva. Qué exige la jubilación Para acceder a la pensión contributiva de jubilación no basta con haber trabajado durante buena parte de la vida laboral. El sistema exige cumplir dos requisitos de cotización que pueden marcar la diferencia entre cobrar o quedarse fuera. El primero es la llamada carencia genérica, que implica haber cotizado al menos 15 años a lo largo de toda la trayectoria profesional. Es el requisito más conocido por los trabajadores y el que suele asociarse de forma directa con el derecho a jubilarse. El segundo es la carencia específica. De esos 15 años, al menos dos años deben estar comprendidos dentro de los 15 años anteriores al momento en que se solicita la pensión. Ahí es donde pueden surgir los problemas para quienes dejaron de cotizar mucho antes de alcanzar la edad de jubilación. La doctrina del paréntesis La doctrina del paréntesis es una interpretación jurídica que permite dejar fuera del cómputo determinados periodos sin cotización cuando la persona se encontraba en una situación protegida. En la práctica, permite mirar hacia atrás desde el último momento en que el trabajador cotizó de forma efectiva. Esta fórmula puede resultar determinante cuando el interesado no ha cotizado en los años inmediatamente anteriores a la jubilación, pero sí cumplía los requisitos antes de entrar en una etapa sin empleo. Su aplicación depende de que ese periodo pueda quedar amparado por una situación asimilada al alta. La situación asimilada al alta se produce cuando una persona no está trabajando, pero mantiene un vínculo reconocido con el sistema de la Seguridad Social. Puede darse, por ejemplo, mientras se cobra el paro, un subsidio, durante una incapacidad temporal, o cuando se sigue inscrito como demandante de empleo tras agotar las prestaciones. Por qué puede perderse la pensión El caso de Jerónimo muestra el riesgo que afrontan algunos trabajadores con largas carreras laborales, pero con un periodo prolongado sin cotizar antes de jubilarse. Haber reunido muchos años de aportaciones no evita por sí solo el cumplimiento de la carencia específica. Una persona puede superar los 15 años cotizados y, aun así, quedarse sin pensión contributiva si no acredita dos años de cotización dentro del tramo exigido. La doctrina del paréntesis puede salvar ese obstáculo, pero no actúa de manera automática ni se reconoce en cualquier situación. Para que pueda operar, resulta esencial que el trabajador haya mantenido una conexión legal con el sistema. Por eso, seguir inscrito como demandante de empleo puede ser un gesto decisivo, aunque no aumente el número de años cotizados. Una de las claves prácticas está en la tarjeta de demanda de empleo. Mantenerla activa tras perder el trabajo o agotar una prestación puede permitir que la persona siga en situación asimilada al alta, algo relevante para futuras prestaciones. Esta circunstancia no solo afecta a la jubilación. También puede influir en el acceso a otras prestaciones, como la incapacidad permanente, la jubilación anticipada o determinados supuestos de viudedad, siempre según los requisitos aplicables en cada caso.