Ibuprofeno, omeprazol, amoxicilina, ácido acetilsalicílico o paracetamol. Más allá de ser algunos de los fármacos habituales en el botiquín de cualquier hogar, todos ellos comparten algo más: las patentes de sus medicamentos originales expiraron hace tiempo y hoy forman parte del universo de los genéricos. Es decir, medicamentos con el mismo principio activo, dosis, seguridad y eficacia que la marca de referencia, pero que salen al mercado a un precio más bajo al no asumir los costes de investigación y desarrollo del fármaco innovador. Son una pieza clave para la sostenibilidad de los sistemas públicos de salud, ya que reducen el gasto farmacéutico del Estado y facilitan un acceso más amplio a los tratamientos.Aún así, hace tiempo que los fabricantes que los hacen posibles avisan que se encuentran en una encrucijada. El aumento de sus gastos fijos –sobre todo por el mayor coste en la energía, el transporte y las materias primas– choca de lleno con un sistema de precios regulados que les obliga asumir esa diferencia y un mercado cada vez más copado por los competidores asiáticos. “Técnicamente sí es viable fabricar genéricos en Europa, pero en muchos casos ya no lo es desde el punto de vista económico, y eso explica lo que está ocurriendo en la práctica”, defiende Elena Casaus Lara, secretaria general de la Asociación Española de Medicamentos Genéricos (AESEG). Pese a contar con la capacidad industrial, añade, producir fármacos genéricos en el viejo continente es “más caro” que en otras regiones, mientras que los precios “están fuertemente regulados y sometidos a una presión constante a la baja”.Según datos de esta patronal, a cierre de 2025, España contaba con 38 instalaciones industriales dedicadas a los medicamentos genéricos registradas en la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). Sus asociados tienen 27 plantas de producción, de las cuales 22 disponen de capacidad de desarrollo. Sin embargo, para Casaus Lara, la consecuencia del contexto actual es “muy clara”: “O bien las fábricas se deslocalizan fuera de Europa, o bien se mantiene la producción aquí recurriendo a materias primas de Asia”.La sustancia clave de cualquier fármaco es el llamado principio activo, aquella que produce realmente el efecto terapéutico y que alivia el dolor que siente el paciente. España cuenta con fabricantes de estos ingredientes esenciales para los medicamentos, pero la paradoja es que estos exportan prácticamente toda su producción al extranjero. “Los mismos fabricantes europeos no compran principios activos europeos porque por precio no pueden. El producto que llega de China o India puede ser hasta un 40% más barato, porque los costes labores y medioambientales no son los mismos que aquí”, cuenta Mila Jové, directora general de AFAQUIM, la asociación española de fabricantes de química para la salud. Después de Italia, añade, España es la segunda potencia europea en este campo y tiene capacidad para producir más de 400 tipos de principios activos, pero más del 80% de estas materias se venden a otros mercados como las mismas China e India. “Es un contrasentido que pase esto”, lamenta Jové.España cuenta con 38 instalaciones industriales dedicadas a los medicamentos genéricosTras estas tensiones, insisten desde el sector, está el sistema de precios de referencia vigente en España. Este agrupa los medicamentos en conjuntos homogéneos que comparten el mismo principio activo. Para cada uno de ellos se fija un precio de referencia, que será el importe máximo que la sanidad pública financiará por cada envase. Si el medicamento cuesta igual o menos, el sistema lo cubre íntegramente. Si es más caro, el paciente paga la diferencia. ¿Y cómo se determina ese precio? A menudo se establece a partir del medicamento más barato del conjunto o de una media de los precios existentes.Los fabricantes europeos compran principios activos en Asia para reducir el coste total del fármaco“El actual sistema hace que la marca, si no quiere quedar excluida de la cobertura pública, tenga que bajar el precio a medida que lo hacen los genéricos, lo que tampoco favorece a estos”, apunta Jaume Puig-Junoy, investigador principal del Centre de Recerca en Economia i Salut (CRES) de la UPF y director responsable de los programas de Economía de la Salud y Farmacoeconomía de la UPF-BSM. El profesor de la Universidad de Málaga y director de la Cátedra de Economía de la Salud, Antonio J. García Ruiz, coincide en que el problema actual es el modelo de competencia por precio. “Si se aplica de forma excesivamente unidimensional, puede reducir los márgenes hasta niveles que desincentiven la inversión”, expone el académico.El sistema de precios español premia el menor coste de los medicamentos, en un contexto de inflaciónCasaus Lara es contundente contra las bajadas de precios que permite el sistema actual, que califica como “en ocasiones, temerarias”. “En la práctica, en apenas 72 horas tienes que decidir si igualas el precio más bajo; si no lo bajas voluntariamente quedas fuera del mercado financiado al mes siguiente”, explica la secretaria general de la patronal de los genéricos. En su opinión, esto conduce a “situaciones insostenibles”, como que un envase de 30 comprimidos de furosemida, un diurético para reducir el exceso de líquidos que a menudo se prescribe en problemas cardiovasculares, cueste “67 céntimos con IVA”.Bruselas prepara una nueva directiva para fortalecer la industria de fármacos genéricos‘made in Europe’España fija un límite mínimo de 1,60 euros en la financiación pública de los medicamentos, un precio parecido a lo que cuesta tomarse un café en un bar. Las compañías farmacéuticas pueden vender más barato, pero asumiendo el coste. “Solo puedes subir precios cuando te quedas solo en el mercado porque los demás han ido abandonando”, dice un directivo del sector que pide mantener el anonimato. Según Jové, de AFAQUIM, la mitad de los genéricos tienen un precio alrededor de estos 1,60 euros.De hecho, la cuota de mercado de estos fármacos en territorio español lleva tiempo estancada. Según datos del Ministerio de Sanidad, es del 47,4% de los envases y del 24,5% si nos fijamos en el importe a través de las recetas expedidas. AESEG usa datos de las farmacias para analizar la penetración, y los niveles salen algo más bajos, del 41% y el 21%, respectivamente. Ahora, el Gobierno español trabaja en una nueva ley del medicamento que establecerá un nuevo sistema de precios seleccionados. De este modo, cada seis meses se fijarían unos precios para cada agrupación homogénea de fármacos equivalentes, a partir de las ofertas a ciegas de las compañías, una propuesta que enfureció a las patronales del sector por considerarlo demasiado volátil. Fuentes del Ministerio aseguran que la nueva ley busca “garantizar un entorno competitivo pero fuerte para el sector” y que dará relevancia “a aspectos como la seguridad de suministro, la resiliencia industrial y la sostenibilidad a largo plazo del sistema”.Las preocupaciones de la industria adquieren una nueva dimensión cuando entra en juego una palabra que gana peso desde la pandemia: el desabastecimiento. “Los precios demasiado bajos están detrás de algunos de los problemas de suministro”, opina Puig-Junoy. Como recuerda García Ruiz, el abastecimiento de fármacos está muy condicionado por una cadena cada vez más globalizada y afecta sobre todo a los medicamentos antiguos y genéricos, por sus bajos márgenes y unas compras públicas basadas en el menor coste.Según un informe de la Critical Medicines Alliance, entre el 60% y el 80% de la producción de principios activos para producir genéricos se ha externalizado a China en los últimos años. El experto matiza que esto no significa que Asia esté causando los desabastecimientos, pero demuestra la “dependencia estructural” que sufre Europa. “La comunicación entre el sector público y el privado es un factor clave. La coordinación implica anticiparse a riesgos y necesidades, reforzar la capacidad industrial en Europa y reducir dependencias estratégicas”, defendió David Peix, consejero delegado de la farmacéutica japonesa Towa International, especializada en genéricos, en una jornada sobre el sector celebrada esta semana en Barcelona.En un contexto de tensiones geopolíticas constantes, la UE es consciente de esta flaqueza y por eso negocia una nueva directiva de medicamentos críticos. La norma nace con el objetivo de incentivar la fabricación de medicamentos esenciales made in Europe —el 92% de las moléculas incluidas en esta lista son genéricos— para alcanzar la ansiada “autonomía estratégica” y reducir la dependencia de Asia. Estos mecanismos también pretenden facilitar las compras conjuntas de fármacos esenciales a escala europea y obligar a que los procedimientos de contratación pública incorporen requisitos relacionados con la resiliencia del suministro, más allá de criterios de precio. Según datos de la patronal europea, Medicines for Europe, ahora el 46 % de los genéricos críticos cuenta con un único proveedor. “Lo vimos con la covid y ya lo dijo el informe Draghi: la producción de medicamentos es una actividad estratégica y conviene limitar la globalización, ya que esta dependencia nos puede limitar en situaciones de crisis”, concluye Puig-Junoy.Periodista de Economía en La Vanguardia. Antes trabajó durante diez años en la misma sección en el Diari Ara. Es autora del libro 'El club de los unicornios' (Península, 2023).
Cómo producir al precio de un café: el gran dilema de los genéricos
La industria se encuentra en una encrucijada por el aumento de costes y sus precios regulados, mientras la UE busca reducir la dependencia asiática












