El principal compromiso climático de España consiste en reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) un 32% para 2030 respecto a las de 1990. Una meta que para 2040 se amplía hasta una reducción del 90% con la finalidad de llegar al objetivo que marca la ley para 2050, la neutralidad climática. Esto conlleva una ambiciosa senda de ajuste anual que en 2024 comenzó a estancarse y que en 2025 se ha revertido por múltiples motivos. A cinco años del primer objetivo intermedio, los factores que hasta ahora estaban permitiendo reducir emisiones en España en paralelo al crecimiento de la economía se han agotado. Según los datos adelantados por el INE en las Cuentas Trimestrales de Emisiones a la Atmósfera, España incrementó sus GEI un 2% interanual en 2025, llegando a un total de 285,45 millones de toneladas de CO₂ equivalente, cifra que supera también en un 1,8% a la de 2023. Aun así, se trata de un crecimiento algo inferior al PIB, que aumentó un 2,8% en 2025. El mayor apoyo de la generación de electricidad en el gas a raíz del apagón del pasado 28 de abril es la principal causa del incremento, pero no es la única. Las limitaciones de las renovables y las dificultades para electrificar la demanda han hecho el resto. Las emisiones repuntaron en 5,54 millones de toneladas, de las cuales el 39,6% proceden del sector de suministro de energía eléctrica y gas. Hasta ahora, la introducción de las renovables en la generación ha servido para reducir a marchas aceleradas las emisiones, pero todo cambió con el apagón. La puesta en marcha de la operación reforzada ha obligado a producir un 27,9% más de electricidad con ciclos combinados de gas, un apoyo adicional que garantiza la estabilidad de la tensión y que todavía no se piensa eliminar más de un año después del cero energético. En consecuencia, el porcentaje del mix eléctrico producido con renovables se ha estancado cerca del 57% (el 56,6% en 2025, frente al 56,8% en 2024). Si se suma la generación con otras tecnologías que no emiten CO₂, el 75,5% del mix eléctrico se produjo sin emisiones en 2025, unas décimas menos que en 2024 (76,8%). Más allá de lo que haya sucedido un año, existen varios motivos para pensar que el retroceso puede ser más estructural que coyuntural. Según explica este informe del catedrático de Economía Diego Rodríguez, el atasco en las redes, la caída de la rentabilidad de las renovables y el aumento de los vertidos de este tipo de energía "podría provocar una parálisis en la inversión de nuevas plantas a partir de 2027". En este contexto, el plan para empezar a cerrar las centrales nucleares que quedan sigue en pie (empezando por Almaraz I en noviembre de 2027), aunque cada vez más cuestionado. La segunda causa del crecimiento de las emisiones es el transporte, con un aumento de 1,3 millones de toneladas en 2025. No obstante, a diferencia del sector eléctrico, esta rama de actividad lleva años marcando récord de GEI dada la reducida electrificación de su demanda. Según el Balance Energético Nacional, el 94,7% del consumo energético del sector en 2024 fue originado con fuentes no renovables. El tercer sector que más dificulta reducir las emisiones son los hogares, con un aumento de 0,7 millones de toneladas de CO₂ equivalente en 2025. El crecimiento de las unidades familiares, impulsado por un incremento poblacional del entorno de medio millón de habitantes al año tras la pandemia, ha impedido continuar con la senda de reducción que sí existía hasta 2019. La penetración de tecnologías renovables en los hogares es reducida dadas las complicaciones para instalar placas en comunidades de vecinos y la lenta transición hacia sistemas de calefacción que no emitan CO₂. Además, los vehículos que usan tanto el sector del transporte como los hogares siguen usando mayoritariamente combustibles fósiles. La flota de vehículos eléctricos de España es reducida, 683.700, contando turismos, furgonetas, camiones y autobuses según los datos de la Comisión Europea del cuarto trimestre de 2025, lo que supone solo el 1,8% del parque total. El incremento de emisiones ha sido prácticamente generalizado en 2025: 0,45 millones de toneladas más en la agricultura; 0,19 más en la construcción y 0,31 más en las ramas industriales no manufactureras. Las industrias manufactureras sí las lograron reducir en 0,28 millones de toneladas, manteniendo una expansión moderada de su actividad debido a las políticas de descarbonización. Retroceso español y europeo Con el incremento de 2025, la senda de ajuste a 2030 se complica, ya que los GEI del año pasado solo son un 0,8% inferiores al valor de 1990. Para llegar a los 195 millones de toneladas de CO₂ equivalente en cinco años (la reducción comprometida del 32%), serían necesarias reducciones anuales de un promedio del 7,3%, un ritmo mucho más exigente del conseguido en el promedio de los últimos 18 años, contando con dos crisis económicas (un -2% anual). Esto se traduce en un recorte de emisiones de aproximadamente 18,09 millones de toneladas al año frente al promedio de reducción logrado desde 2009 de 7,56. En opinión de Rodríguez, el aumento de emisiones de 2025 es "un mal resultado" que nos aleja aún más de la senda requerida para alcanzar el escenario objetivo de 2030. Incide además en que los dos únicos años que se produjeron descensos rápidos con crecimiento económico, 2019 y 2023, se debió a "la aportación extraordinariamente favorable del sector eléctrico, cuyas emisiones se redujeron un 26% en 2019 y un 27,8% en 2023". Sector que parece haber llegado ahora a un suelo de recorte por el atasco en las redes que afecta a las renovables. No obstante, España no es la excepción. Los datos trimestrales preliminares de emisiones de Eurostat advierten de que también han repuntado un 1% en la UE en 2025. Los países que lideran las variaciones son Bulgaria (4,7%), Portugal (4,5%) y Hungría (3,8%). España se sitúa en séptimo lugar, aunque todas las grandes potencias europeas han participado del aumento (Alemania, Francia e Italia), lo que puede ser el inicio de un retroceso. A nivel global, las emisiones de GEI marcaron un nuevo récord en 2024 y la UE se había situado hasta el momento como la gran región puntera en reducciones, algo que los datos de 2025 ponen en duda de cara al futuro. Para cumplir con el Acuerdo de París, se requeriría de una reducción global de emisiones de al menos un 39% para 2035 respecto al nivel de 2023. Una meta que es cada vez más difícil de alcanzar y que compromete seriamente los límites de calentamiento que no se debían superar.