Son solo cuatro piezas. La última entrega de alta joyería de Boucheron es concisa. Y no por ello menos elocuente. En tan breve ajuar han sido capaces de compendiar la historia que empezó cuando Frédéric Boucheron abrió su primera tienda en París en 1858, y todo lo que la maison representa. “Es un retrato”, dice Claire Choisne (París, 49 años), su directora creativa. De título Nom: Boucheron, Prénom: Frédéric. Orquestada por entero en oro blanco y diamantes, con algún guiño al cristal de roca y la laca negra, condensa los códigos sobre los que el joyero levantó una casa —no les gusta definirse como marca— que sigue premiando el carácter sobre la ubicuidad.Está el collar interrogación, el gesto más audaz de un creador que prefirió desafiar la tradición a acatar sin chistar los dictados del acervo: concebido sin cierre, para deslizarse alrededor del cuello con una mano sin necesidad de la ayuda de una doncella o un marido, fue una revolución en la forma y en el fondo. También la que fuese fuente de inspiración perenne, la naturaleza, pero desde ese prisma distintivo que, lejos de estilizarla en una fantasía de perfección como hacían y hace el resto, buscaba recrearla sin idealizarla. Su forma innovadora pero nada fortuita —era hijo de un vendedor de telas— de entender las joyas como una extensión de la ropa, consciente de que debían vivir en sintonía con un cuerpo en movimiento. Y por supuesto el guiño, en forma de colgante, a la plaza Vendôme y la audacia que le llevó a ser el primero, en 1893, en instalarse en el lugar que Jules Hardouin-Mansart proyectó como una reverencia a la simetría y al absolutismo, y hoy articula el epicentro de la alta joyería.Lo hizo en el número 26. El mismo donde siguen hoy y al que nos han traído para descubrirlo. Esquina con la calle Paix, con una cara mirando al norte y otra al oeste, el sol lo baña al atardecer. Colocadas en los escaparates a la altura del cuello para que las damas que pasaran por delante de camino a las Tullerías pudieran verse reflejadas en el cristal como si las llevaran puestas, al joyero le gustaba cómo hacía brillar sus creaciones. La luz sigue siendo su aliada después de 133 años. Entra por las ventanas del sexto piso, que ocupa por entero el atelier, convirtiendo las mesas de nogal, donde montadores, engastadores y pulidores ultiman las piezas de la próxima colección, en un baile de destellos. Apenas son una docena de artesanos. Todos jóvenes. Hay un anacronismo magnético en observar a un joyero con los brazos tatuados hasta donde las batas dejan ver engastar piedra a piedra un collar con el mismo punzón de madera que se usaba hace siglo y medio.Esa fricción entre modernidad y tradición es una filosofía. En Boucheron siempre han creído —y demostrado— que respetar el legado y avanzar no son fuerzas divergentes. “De hecho, para honrar a Frédéric Boucheron tenemos que ser creativos, forzar los límites”, espeta Hélène Poulit-Duquesne (Rouen, 56 años), directora ejecutiva de la enseña desde 2015. Pero en sus talleres la innovación no es gratuita. “No es un fin sino una herramienta. No nos interesa la novedad por la novedad”, subraya Choisne.Se refiere, por ejemplo, al sistema de articulaciones invisibles que permite deshojar el collar The Untamed en una constelación de broches —que llevó Colman Domingo a los Globos de Oro porque, firmes en su vocación de romper moldes, en Boucheron no le adjudican género al joyero—. También al colgante de aerogel desarrollado por la NASA con el que atraparon un pedazo de cielo en 2020. A los anillos hechos con pétalos de flores encapsulados en resina de 2018. Al insólito encuentro de diamantes, guijarros, madera quemada, oro, meteoritos y ratán de la alta joyería de 2022. Y al Cofalit de la cápsula Jack Ultime. Más habitual en la construcción de carreteras, se obtiene al fundir residuos de asbestos hasta transformarlos en un material similar al cemento. Han sido los primeros y los únicos en usarlo en joyería. “Nos gusta cuestionar qué hace algo precioso”, explica la creadora. “Para nosotros, no es el tamaño de los diamantes. Tiene más que ver con las emociones”.La arquetípica batalla entre el flanco creativo y el comercial se va al traste en Boucheron. Más allá del nada baladí hecho de que ambas son mujeres —la única enseña a este nivel en el que la dupla directiva es femenina—, lo que articula esa dinámica de poder sinérgica es una visión compartida. “Las dos queremos tensar los límites”, concede Choisne.Si se encuentra alguna limitación, nunca es creativa. Si acaso, técnica. “Y las adoro”, dice la joyera. También su equipo. “No estamos aquí porque sea fácil, sino porque queremos abrir caminos”, espeta. Es más, “queremos que toda la industria avance gracias a Boucheron”, afirma Poulit-Duquesne. En la frase hay más humildad y compromiso que arrogancia. “En la historia de Boucheron, somos una fracción. Pero en el tiempo que tenemos queremos aportar algo, progresar”.Ese deseo de innovar sin alejarse del legado encauzó la dinámica que hoy siguen, con dos colecciones de alta joyería al año: Histoire de Style, que rinde homenaje al patrimonio de la maison, se presenta en enero; Carte Blanche, que da rienda suelta a Choisne y su equipo, en julio. “Son ejercicios mentales diferentes. Cada uno con sus ventajas y limitaciones”, dice la joyera, que orquestó su primera colección al frente de la casa, en 2011, en torno a la herencia de su fundador. “Tener algo a lo que aferrarse, un marco en el que moverse, puede ser reconfortante, pero acota. La libertad total permite volar, pero la ausencia de límites puede dar vértigo”.En estos 15 años Choisne, que se formó en la Haute École de Joaillerie de París y se fogueó en el estudio de Lorenz Bäumer —desarrollando las colecciones que este diseñaba para Chanel primero y Louis Vuitton después— antes de unirse a Boucheron, ha aprendido a conjugar el vocabulario de la enseña con un punto de vista propio y actual. Es una combinación de oficio, bagaje e intuición.Convivir con el riesgo es parte de la ecuación. “Si haces una colección con la certeza de que vas a venderlo todo, ya no estás en un marco creativo”, espeta la ejecutiva, que antes de coger las riendas de Boucheron pasó por LVMH y Cartier. “El papel de un CEO consiste en gran medida en proteger la creatividad”.