Navegando (¿se dice así?) por las plataformas de las televisiones para descubrir alguna desconocida película que llevarme a la vista y al oído y constatando que casi todo en su exuberante oferta es abrumadoramente mediocre o simplemente horroroso, me detengo en algo de Netflix con un título espantoso, que te hace pensar si los autores estaban borrachos o pasados de otras sustancias. Es Depredador dominante. Pero constato que la protagonista es Charlize Theron y en nombre de mis eternos y confesables amores decido verla. Y es muy rara, también atractiva. Me resulta extraña la trayectoria profesional de esta impresionante señora y actriz. La observé por primera e inolvidable vez en Celebrity, dirigida por ese maravilloso creador y víctima favorita de las cazadoras de brujos llamado Woody Allen. La tal Theron tenía poder para deslumbrar a cualquier amante de las mujeres. Pero deseosa o harta de que los miopes la etiquetaran como un símbolo sexual, decidió transformarse en una vaca asesina y reivindicativa del feminismo en Monster. Logró su objetivo. Le dieron el Oscar. Por fin la deseada muñeca demostraba sus grandes condiciones de actriz al introducirse en la piel y en el alma de una monstrua reivindicativa También se desmaquilló absolutamente, se tiñó su hermoso cabello e interpretó admirablemente a una policía en la excelente En el valle de Elah. Y sigue con la tendencia de que olviden sus hipnotizados espectadores que soy un pibón, que solo admiren mis cualidades de actriz, que se queden prendados de mi inteligencia, mi personalidad y mi libertad. Que pasen de eso tan machista de derretirse con mi belleza. Y flipo con esta película tan extraña. También dotada de una enorme belleza visual, a través de montañas nevadas de Noruega y de un inmenso parque natural en Australia. Y ella, una colgada del riesgo físico en los parajes más peligrosos, no sonríe ni una sola vez en la película, con un gesto tan duro por fuera y por dentro. Se lo puede permitir. Esta película existe porque ella se ha empeñado. Y recuerdo una historia disparatada sobre su existencia que me contaron informaciones fiables. Y si no fuera cierta, continúa siendo surrealista. Su separación de Sean Penn, actor tan dotado como individuo con mal rollo, al parecer se produjo al enterarse la divina señora durante el rodaje de Mad Max que este se lo estaba montando con su doble en la película. ¿Una sofisticada perversión? No, hay que ser gilipollas.