Manuel Blanco Vega es la cara del mal en ‘El depredador de Sevilla’, una miniserie de Netflix que narra la condena a nueve años de cárcel a Blanco por agresión sexual a tres mujeres
El perfil de Instagram de la fotógrafa Gabrielle Vega está lleno de imágenes de Montana, Estados Unidos. Hay paisajes inmensos y vacíos, hombres y mujeres con sombrero cowboy o melena al aire. Tienen piel nívea, ojos claros y un horizonte aparentemente sin preocupaciones. ...
Montana está muy lejos de Salamanca, España. Es la ciudad donde Gabrielle Vega aterrizó hace años para estudiar español. Lo pasó muy bien ahí, cuenta, en ese escenario tan diferente al barrio residencial donde transcurrió su infancia. Una vez instalada y familiarizada con sus calles, Vega quiso aprovechar su estancia y explorar otros destinos.
Buscó empresas que organizaran viajes a Marruecos y encontró Discover Excursions, con sede en Sevilla. La web le mostraba fotos de gente como ella pasándoselo de miedo. Jóvenes estadounidenses viviendo el sueño español. Siesta, sangría y fiesta. Buenas reseñas, buena vibra. Y hasta allí se fue.
Encontró a un guía llamado Manuel Blanco Vega, arquetipo del espabilao de turno con habilidades sociales. Moreno, con desparpajo, conocido más en la noche que en el día. Una perita en dulce que hemos conocido casi todas. Irresistible, aspirante a príncipe, fiestero y jeta. Pero no era como los demás. Blanco es la cara del mal en El depredador de Sevilla, una miniserie de Netflix de tres capítulos producida por Newtral y Atresmedia que narra la condena a nueve años de cárcel a Blanco por agresión sexual a Vega en Marruecos y a otras dos mujeres en Portugal. En la serie, los protagonistas son Vega, otras mujeres que han querido contar su testimonio tras el suyo y el juicio en el que ella declaró a través de videoconferencia. Se le quitaron las ganas de volver a España.






