Esta semana Putin advirtió a Armenia que sus aspiraciones de formar parte de la Unión Europea podrían acarrearle consecuencias similares a aquellas observadas en Ucrania. Esto sucede luego de que la cumbre europea se reuniera en la ciudad de Ereván durante los primeros días de mayo. Europa se traslada hacia su confín, al este de su carrera occidental. De este lado, EE.UU. comienza a realizar ejercicios militares conjuntos con Argentina, en el extremo sur de su pomposidad septentrional. Los imperios nunca caen en su centro. Ensayan su final lejos de sí mismos, en territorios donde todavía pueden experimentar sin asumir el costo simbólico de la derrota. Allí prueban nuevas formas de administración, nuevas retóricas de seguridad, nuevas tecnologías de extracción y control. Argentina y Armenia son hoy dos laboratorios distintos de esa misma fatiga imperial. No porque posean el poder de alterar el destino global, sino precisamente porque son territorios donde el poder mundial puede operar en estado de prueba. Los imperios utilizan las periferias para anticipar su propia mutación. Lo que después se volverá norma en el centro, aparece primero como excepción en los bordes.

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