El frágil equilibrio regional convierte al Cáucaso Sur en un actor especialmente expuesto a las consecuencias geopolíticas
El estallido de la guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos ha vuelto a situar al Cáucaso Sur en el escenario de una posible crisis regional. Aunque Armenia no participa directamente en el conflicto, tampoco puede permitirse ignorarlo: con solo dos fronteras abiertas, al norte con Georgia y al sur con Irán, mientras que las del oeste
-el-paraguas-de-la-otan-con-el-lanzamiento-de-su-tercer-proyectil-sobre-turquia.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2026-03-13/iran-pone-a-prueba-el-paraguas-de-la-otan-con-el-lanzamiento-de-su-tercer-proyectil-sobre-turquia.html" data-link-track-dtm="">con Turquía y del este con Azerbaiyán permanecen cerradas. Ese frágil equilibrio regional convierte a Armenia en un actor especialmente expuesto a las consecuencias geopolíticas de una Irán inestable.
En este marco, el primer ministro armenio, Nikol Pashinyan, ha sido objeto de críticas por parte de la oposición y la opinión pública. Mientras el conflicto estallaba en la vecina Irán, Pashinyan y su comitiva de ministros y diputados se encontraban recorriendo distintas regiones del país en actos de precampaña para las elecciones de junio, lo que sus detractores interpretaron como una falta de seriedad ante un escenario que va a tener consecuencias directas para la seguridad nacional.






