Con un abrazo a la hora del aperitivo -tantas veces el mejor momento del d�a para cualquier cosa-, qued� archivada, sobre el azulado atril del Palacio de Cibeles, parte de la pol�mica entre el Real Madrid y el Atl�tico. Enrique Cerezo, el presidente rojiblanco, se acerc� a Florentino P�rez, su hom�logo madridista (en funciones), quien hab�a desatado la caja de los truenos con esa imborrable puesta en escena del pasado martes, en la que tuvo a bien, entre otras cosas, se�alar al Atl�tico mientras convocaba elecciones. Aquellos highlights blancos se lo llevaron todo por delante. Incluso buena parte de la marejada que la presidenta de la Comunidad, Isabel D�az Ayuso, carg� en su maleta para poner fin, antes de lo previsto, a su agitada cumbre por M�xico. All�, por cierto, estuvo tambi�n Cerezo, a quien, vaya usted a saber por qu�, ubicaron a una distancia prudencial del candidato Florentino en esa gran platea del Ayuntamiento de Madrid. El caso es que, escrito queda, ese gran abrazo ayud� a sanar la herida. El quite del perd�n.Pero, como la pol�tica es la que manda en Cibeles cada d�a grande de la capital, haya o no encuestas, como fue el caso de ayer, buena parte de los invitados aguardaban expectantes ese regreso a la escena madrile�a de Ayuso, con los rescoldos de su pol�mico paso por M�xico y la izquierda al acecho. Lo curioso es que ni la ministra M�nica Garc�a, aspirante de nuevo al trono regional de M�s Madrid, ni el ministro �scar L�pez, la amenaza socialista para las elecciones del pr�ximo a�o, estaban presentes en el coraz�n del Ayuntamiento. Sus mensajes llegaron horas despu�s, ya en la pradera de San Isidro. �Han montado un circo y no se cansan de hacer circo�, espetaba �l. �Es m�s de Canc�n que de Madrid�, ironizaba ella. �Es p�blico y notorio que la presidenta mexicana alentaba ese boicot a Isabel D�az Ayuso desde que lleg�, desde que puso pie all��, defend�an desde su propio partido a Ayuso, que, aparte de conversaciones en petit comit�, no tom� la palabra.Almeida tambi�n desempe�� un papel importante para rebajar la tensi�n, pues una de las 12 Medallas de Honor fue para el empresario y fundador de Casa M�xico, Valent�n D�ez Morodo, que trat� de tender puentes durante su discurso: �Espa�a y M�xico no se entienden el uno sin el otro�."Nunca se ha respondido levantando muros"Y el alcalde, zancadilleado por una tos inoportuna, comenz� a pronunciar su discurso. �Esta ciudad nunca ha respondido levantando muros, sino apelando a la empat�a, a una solidaridad exigente, a un sentido compartido de la justicia y a una disposici�n sincera a comprender al otro y a trabajar unidos por el bien com�n�, arrancaba, ejerciendo de director de orquesta del evento, minutos despu�s del tradicional izado de la bandera en la plaza de Col�n. �Madrid es hoy lo que es porque durante siglos -incluso desde los tiempos de nuestro patr�n San Isidro- generaciones enteras de hombres y mujeres sostuvieron esa forma de entender la convivencia con perseverancia, con entereza y con un esfuerzo muchas veces silencioso�, a�ad�a, y abundaba: �Esta ciudad no solo nos pertenece a quienes la habitamos actualmente. Pertenece tambi�n a la memoria de quienes la levantaron y a la esperanza de quienes habr�n de heredarla�.Previamente hablaron los tres hermanos Guill�n Cuervo, herederos de una saga de la interpretaci�n, con un beso al cielo por el reciente fallecimiento de su madre, Gemma Cuervo. Levant� la voz el investigador Mariano Barbacid que, tal vez por la presencia de Florentino, se vino arriba y decidi� sacar pecho por su coraz�n madridista (con permiso del alcalde). Y recibieron tambi�n sus galardones el jugador de baloncesto y capit�n del Real Madrid, Sergio Llull, o el jugador del Atl�tico, Koke, a quien Almeida calific� como �mi capit�n�. Alguno abandon� abruptamente su asiento, sorprendido para mal con alguno de los premios. Cibeles siempre deja su librillo de an�cdotas. Nada que impidiera al regidor completar su discurso de 16 p�ginas.Almeida, junto a Mariano Barbacid y los hermanos Garc�a Cuervo.EFE�En un momento en que las incertidumbres atraviesan Europa y el mundo y en que Espa�a necesita m�s que nunca de una capital a la altura de los tiempos que corren, Madrid reafirma su vocaci�n de ser el lugar donde la concordia es posible, donde la convivencia siempre encuentra su cauce y donde el bien com�n y el inter�s general prevalecen sobre la divisi�n�, completaba, acentuando la palabra �concordia�, un t�rmino en peligro de extinci�n en la realidad pol�tica actual, tanto la nacional como la madrile�a. Sorprendentemente, no tuvo hueco en esos nutridos p�rrafos el Papa Le�n XIV, que pisar� la capital en unas semanas.Cuenta atr�s hacia las eleccionesEl caso es que la campana electoral empez� a repicar con intensidad ayer, a un a�o de unos nuevos comicios. Y lo hizo, cosas del directo, cosas del destino, con la �nica certeza en las urnas de la propia Ayuso. Porque se da por hecha la de Almeida, anfitri�n de la fiesta del santo, que sigue sin mandar un mensaje contundente sobre sus intenciones. Hubo quien trat� de sonsacar a su esposa, Teresa Urquijo, sobre esta cuesti�n, pero maneja un libreto similar al de su marido. Por la izquierda, primarias en el horizonte. Rita Maestre y Manuela Bergerot fueron los principales rostros de M�s Madrid en el acto, pero s�lo la primera apunta a las urnas. En el PSOE, Reyes Maroto, con su vestido de chulapa, tiene intenci�n -y tal vez apoyo- de seguir adelante. Y, a la derecha del PP, ya se ha escrito todo sobre Javier Ortega Smith y sus pleitos con Vox. Su amigo y gran apoyo, Ignacio Ansaldo, por cierto, se acord� de llevarse una bufanda del Atl�tico para que el premiado Koke, con su hija peque�a en brazos, le estampase el aut�grafo de rigor. En menos de un a�o, los misterios estar�n resueltos.Ayuso fue la invitada de la fiesta de Almeida, y ambos acabaron siendo notarios de esa inesperada reconciliaci�n a la luz del d�a entre Florentino y Cerezo, si es que alguna vez se hab�a roto el amor entre ambos. Hubo complicidad -y foto para el recuerdo- entre la presidenta regional y el candidato a las elecciones del Real Madrid que, acaso por un c�lculo electoral, acaso por completar su semana fant�stica, fue el �ltimo en bajarse de la tarima. Hubo quien brome� con que P�rez, que parec�a encontrarse en campa�a electoral, aguardaba un �ltimo chotis de DJ Nano. El artista desabroch� los decibelios en un recinto que logr� sobrevivir a su siempre sufrida ac�stica. La fiesta sigui� en la pradera, pero ni Florentino ni Ayuso, tampoco Cerezo ni Almeida, estaban para m�s trotes.