El presidente del Real Madrid se presentó como un directivo desorientado, incapaz de armar un discurso coherente y sin respuestas a las múltiples preguntas más allá de un alegato contra la prensa

El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, convocó una conferencia de prensa de urgencia. La primera en once años. La expectación, pues, era máxima. “He pedido a la junta electoral que inicie el proceso para las elecciones a la presidencia”, se lanzó. El arranque prometía. Cuando muchas voces especulaban con una posible dimisión, Pérez sacó músculo. O esa parecía su intención.

Porque lejos de reforzar la imagen de mandamás todopoderoso, de directivo brillante y ocurrente, de dirigente que ha construido el club con más ingresos del mundo, Florentino Pérez mostró una cara inaudita. La de un directivo desorientado, incapaz de armar un discurso coherente. Que no ofreció respuesta a las decenas de preguntas que se le plantearon.

Durante más de una hora, el presidente del Madrid, ese al que una imagina sentado en una atalaya dirigiendo los designios del fútbol (del español y también el europeo), se dedicó a atacar a la prensa. Como si los periódicos y los programas de radio y televisión fueran los rivales del Madrid, esos a quienes hay que combatir y acallar. Como si los periodistas críticos (todos antimadridistas, según el relato de Florentino; porque el periodismo crítico solo puede ser obra de “antimadridistas desde pequeñitos”) fueran el principal motivo por el que el club blanco está atravesando estas últimas semanas una de las mayores crisis de su historia reciente.