El conflicto en Oriente Medio se ha convertido en el gran evento económico del año, por el impacto que está teniendo el cierre del Estrecho de Ormuz en la economía mundial, principalmente, a través de los precios del petróleo y el gas natural. El encarecimiento de estas materias primas energéticas amenazan con desatar una nueva ola inflacionista, y cuanto más tiempo se prolonga el enfrentamiento, mayor es el riesgo, tanto de inflación, como de que se produzca un frenazo en la actividad económica y en el crecimiento mundial.Para contrarrestar el impacto de la escasez de crudo que ha generado la contienda, el mundo ha desbloqueado sus inventarios estratégicos de petróleo, y esto deja dos lecturas: la primera es que estos son limitados, y si se consumen, las tensiones en los precios pueden ser todavía más graves. La segunda, es que, incluso si el conflicto terminase en las próximas semanas, el daño al mercado energético promete ser duradero. En este sentido, los mercados de futuro del petróleo, y también las últimas previsiones de la Agencia Internacional de la Energía, apuntan a un periodo de tres años, como mínimo, en el que el crudo va a seguir afectado por la guerra en Irán.
Precios más altos hasta 2030










