Casi todas las rupturas tienen un punto deprimente. No en vano, somos legión las que hemos acudido a terapia antes o después de terminar una relación. Supongo que se debe a la mezcla de cansancio, carga mental, pena y culpa. Cansancio por pasarnos semanas o meses intentando que el barco siga a flote a pesar de las decepciones o de nuestra felicidad. Carga mental por gestionar estrategias y argumentos para poner sobre la mesa cuando llega el momento de cortar. Pena por terminar un proyecto vital que empezó desde el amor y la ilusión. Y culpa por asumir, casi siempre en solitario, la tremenda responsabilidad de hacerlo, con sus tremendas e irreversibles consecuencias. Dejar una relación estable siempre es un trago muy amargo y, sin embargo, a veces resulta imprescindible para seguir avanzando.PublicidadDice Coral Herrera que el duelo por una ruptura amorosa se parece a un duelo por la pérdida de un ser querido, porque hemos crecido siendo yonkis del amor y los adioses en esta cultura occidental son vividos siempre desde el trauma. Y las rupturas, vistas como un fracaso personal, aunque el fracaso real sea quedarse en donde no quieres, o en donde no te quieren como tú quieres. Por eso, la única ruptura fácil es la que no se hace. Y soportar el peso de la tristeza del otro, con sus porqués y reproches, un sufrimiento que yo habría cambiado por un buen parto. Según una investigación de la American Sociological Association (ASA), las mujeres inician casi el 70% de los divorcios. No es casualidad: se llama responsabilidad emocional y la mayor parte de las mujeres la practicamos incluso aunque estamos profundamente decepcionadas.Leo estos días que se ha normalizado dejar las relaciones siguiendo las recomendaciones de ChatGPT y que son cada vez más las personas que acuden a la IA para que les diga cuándo y cómo deben romper sus compromisos amorosos. Los chatbots son máquinas que funcionan en base a datos siguiendo una lógica que, por más que nos empeñemos, es imposible de reproducir en el universo de las emociones y de los sentimientos. Por eso, el problema de la Inteligencia Artificial no son los consejos que nos brinda, casi siempre correctísimos y bien argumentados, sino que le dan absolutamente igual nuestras motivaciones y el resultado de ellas. Puedes decirle a la IA que quieres dejar a tu pareja por una infidelidad, por falta de cuidados o porque quieres tirarte al vecino del quinto. Ella siempre te dará la razón. Por eso, la IA no puede ser una herramienta válida cuando se trata de sustituir la moral y la ética inalienables a las relaciones humanas.Por eso también, usar la Inteligencia Artificial para dejar a alguien tiene consecuencias que van mucho más allá de la relación de pareja, pues este sistema pone en jaque todos los vínculos que nos sostienen. Al resolver las dudas y temores con un chatbot estamos dejando de consultar a nuestras amigas y amigos, a nuestra familia, a las personas que mejor nos conocen y nos quieren, y que también conocen y pueden querer (o aborrecer) al otro. Y estamos esquivando tanto el consuelo, como la conversación incómoda, que alguien nos cuestione, que nos digan que quizá, no somos tan inocentes.Cuando le pregunto a la MetaIA si debería dejar a mi pareja a pesar de que nos llevamos muy bien y tenemos una hija en común, me responde sensatamente: "Dejar a alguien no significa que no le hayas querido, ni que haya sido un error. A veces dos personas buenas no son buenas juntas". Cuando le digo qué decirle para no herirlo me contesta: "Dejar a alguien sin herirlo del todo es imposible porque una ruptura siempre duele. Pero sí puedes hacer que el golpe sea más limpio". Y cuando definitivamente le confieso que me gusta un compañero nuevo del trabajo que es guapísimo me recomienda decirle al padre de mi hija lo siguiente: "La verdad es que he conocido a alguien y eso me ha hecho ver que mis sentimientos hacia nosotros han cambiado. Sé que esto te va a doler y lo siento de verdad. No es algo que haya buscado, pero no sería honesto contigo ni conmigo quedarme callado/a”. El chat también me recomienda no decir que ese alguien es “guapísimo”, porque no hace falta hacer sangre. Para luego rematar con un "dices he conocido a alguien y ya".PublicidadY ya. Abres la puerta y te vas, supongo. Lo escribo desde la parodia mientras pienso en que en este momento hay millones de personas en el mundo dejando sus relaciones de esta manera. Basando toda la experiencia humana en una simulación de vida con un chat y tomando decisiones que afectan a la vida de otras personas en base a un algoritmo matemático que promueve el consumismo estúpido y una cobardía que un día nos arrancará los ojos.